Ezequiel Barco, el pibe de potrero

Independiente, sin dudas, está en un momento complicado. Desde 2002 que no gana un título local y a eso lo sigue el primer descenso en su historia, en 2013. El hincha está impaciente y debido al exitismo dominante en el fútbol argentino, se exige a los jugadores. Muchas veces, de una manera desmedida. Para el jugador visitante jugar en el Libertadores de América siempre ha sido un infierno.

Ezequiel Barco simboliza el fútbol popular

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Hoy en día, también lo es para los que visten la camiseta del rojo. La presión y el estrés que puede provocar ser parte de este Independiente logró que un histórico como Milito renunciara. A esto se le puede sumar que no todos tiran para el mismo lado; y en vez de ayudarse mutuamente, cada uno se deja llevar por sus intereses. Pero ante tanta oscuridad apareció una luz. Ésta tiene nombre y apellido: Ezequiel Barco.

Ezequiel Barco nació cerca de Rosario, en Va. Gob. Gálvez

Nació el 23 de marzo de 1999 en Villa Gobernador Gálvez, en la provincia de Santa Fe. En 2011, proveniente de Central Córdoba de Rosario, pasó a la Asociación Atlética Jorge Bernardo Griffa (presidida por Diego Griffa), en donde jugó hasta fines de 2014. Cuando Jorge Griffa fue nombrado coordinador de las inferiores de Independiente, no dudó ni un segundo en traerse a este chico de 167 centímetros, que deslumbraba a todos en la zona sur de Rosario.

Canchita en Av. Nogueira

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En tan solo 18 meses, Ezequiel Barco, “El Turri” superó un proceso en las inferiores que a los demás les lleva mucho más tiempo. A mediados de 2016, Milito quedó impresionado con el desempeño de este muchacho y lo subió a la primera, en la cual debutaría oficialmente el 8 de agosto frente a Defensa y Justicia. En ese entonces, el equipo de la localidad de Florencio Varela era dirigido por el actual DT de Independiente, Ariel Holan.

Si hay algo que caracterice al jugador de potrero, es el dribbling. Si hay algo que es evidente y atractivo en Barco al agarrar la pelota es que tiene una gambeta prodigiosa. Desde mi óptica, el potrero es la mayor expresión futbolística individual que existe; y el pibe que usa la 27 en su dorsal transmite eso cuando se lo ve jugar. Su gambeta es corta y sinuosa que marea al rival, el cual no le queda otra que pegarle. Es muy veloz y tiene un cambio de ritmo letal. Es poco probable que se la saquen sin cometerle una infracción.

Cuando le pegan, Ezequiel Barco no protesta sino que se levanta y la vuelve a pedir para volver a gambetear. Su habilidad en los espacios cortos le permite limpiar a los rivales como si fueran conos y de una manera que lo hace parecer muy fácil. Tiene una lucidez en velocidad que le permite ejecutar muy bien cada idea que se le aparezca y contribuya al juego. A esto también se le puede agregar su buena pegada que ya ha demostrado en las divisiones inferiores.

Enganche. Diestro, con características de zurdo. Con tan solo 17 años su apellido ya fue coreado en el estadio de Avellaneda luego de que anotara su primer gol en primera frente a Godoy Cruz. Juega con un desparpajo y una valentía que le permitieron destacarse notablemente en esta caldera hirviente que es Independiente. La camiseta no le pesa, al contrario, le calza a la perfección.

Al ver el trabajo de Holan en Defensa y Justicia, potenciando a varios jugadores como Guido Rodríguez o Fabián Bordagaray, tengo la esperanza de que las cualidades del santafesino serán mejoradas y que se tranformará en un jugador mucho más completo y con una mayor comprensión del juego.

Le espera representar a la Selección Argentina Sub-20 con un plantel de no tanta jerarquía como estamos acostumbrados y con él como el intérprete más joven del seleccionado. Una promesa brillante que se asoma, que esperemos,  nos brinde mucho fútbol.

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