Enseñar a entrenar o aprender a ganar

Zinedine Zidane

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Presentación

Con el título de este artículo he intentado señalar dos modos de concebir la formación del entrenador de fútbol: uno que pone el acento en la enseñanza y la disciplina, otro que lo pone en el aprendizaje y el resultado.

En torno a esa disyuntiva, intentaré demostrar las siguientes hipótesis:

  • que ambas expresiones pueden considerarse indicativas de dos enfoques polares, excluyentes;
  • que el primer enfoque constituye una desviación que desplaza el centro del interés de los objetivos a los medios; y
  • que tal desviación de la problemática es fuente de gran parte de las dificultades en el logro de eficacia de los procesos de capacitación.

Intento, por lo tanto, relocalizar el problema para facilitar su desbloqueo.

¿Enseñar a entrenar o aprender?.

La primera distorsión en la problemática académica del entrenamiento – y de cualquier proceso de formación superior – es el protagonismo abusivo de la acción docente, sus métodos, técnicas y planes pedagógicos. Tal tendencia constituye una desviación en la medida en que, como ocurre frecuentemente, no presta atención al proceso de capacitación real: centra la atención sobre uno de los medios (la docencia) y elude u olvida la verdadera meta (el aprendizaje).

En esta compulsión pedagogista, el instructor desdeña el eje troncal de la experiencia: el desarrollo de capacidades autónomas del aprendiz adulto, o sea, responsable y con metas propias y conscientes.

La hipertrofia de la problemática pedagógica, incentivada por instituciones educativas, profesores e investigadores es una desviación ideológica del gremio docente. Se trata de una tendencia autodefensiva originada en las dificultades para ejercer la docencia cuando se carece de capacidades o, incluso, de vocación de maestro. Las “teorías”, “metodologías” y “sistemas” aparecen así magnificadas como verdaderas tablas de salvación.

Esta distorsión se agrava en el caso del Entrenamiento: la manía pedagogista sugiere la existencia de un currículum académico que el Entrenamiento no posee en ninguna parte del mundo; carencia que no debe considerarse un defecto sino una situación normal propia de todo oficio.

El hecho de que durante generaciones la amplísima mayoría de entrenadores de calidad sean autodidactas, da prueba suficiente de lo dicho.

La homologación mecánica, forzada, de la enseñanza del entrenamiento respecto de las carreras universitarias que poseen base académica real, con sus licenciaturas y doctorados, no es más que una búsqueda compulsiva e ilegítima de reconocimiento institucional, del todo ajena al empirismo observable en la experiencia de aprendizaje real, cuya hipotética superación resulta de dudosa utilidad.

Por las dos razones apuntadas – una ideológica, otra técnica – en Entrenamiento conviene hablar de “aprendizaje” y, por lo tanto, de “aprendices”. La capacitación de la persona adulta es esencialmente un fenómeno autodidáctico con base motivacional: no se trata tanto de transferencia de conocimientos sino de su apropiación dinámica por parte del “interesado”, o sea, el movido por el propio interés. La escuela no es más que una plataforma de encuentro con la información e intercambio entre los aprendices y de éstos con los maestros. 

De un alumno pasivo sometido al mejor dispositivo pedagógico sólo se extrae un burócrata informado y un profesional mediocre.

El entrenismo, una práctica sin objeto.

La segunda hipótesis del título delataba el desplazamiento desde el objeto  al resultado y ello conlleva dos distorsiones:

  • la confusión acerca del objetivo
  • la hipertrofia y la desnaturalización de la práctica de la actividad, o sea, de la “disciplina”.
Una de las fuentes más evidentes de la mala enseñanza del Entrenamiento y del mal ejercicio de la profesión es la pérdida de vista de la finalidad concreta de su práctica: se olvida que se trata de producir progresos personales y grupales en practicantes de un deporte: en etapas formativas esto influye en el desarrollo humano y en la competencia profesional en logros de progresos deportivos e institucionales.

Y aquí es indispensable afrontar el dilema clave, estructural, de toda enseñanza del entrenamiento: definir si entrenar es decorar la actividad con auto-referencias y mitos o multiplicar las capacidades de desarrollo de los entrenados.

Hacer Entrenamiento es definir todas las características de un proceso atlético, antes de que éste se produzca materialmente, para garantizar el óptimo cumplimiento de sus finalidades previstas. El Entrenamiento es un servicio a la institución deportiva y a los deportistas que se reclama cuando ésta no se pueda cumplir satisfactoriamente de un modo espontáneo. Entrenamiento es “organización de actividades técnicamente especializada” y nada más.

El “entrenismo” es una desviación que pone al carro delante del caballo; una hipertrofia del medio que encubre el fin, cuyo origen es claramente localizable en el corporativismo profesionalista, cierto narcisismo del “profesional”, del todo opuesto a la tradicional humildad de los oficios.

El Entrenamiento se ha olvidado de que es un oficio, se asume como profesión superior, prestigiosa y prestigiante, y cae en una suerte de delirio autoreferencial:

un predominio abusivo del método sobre el resultado, de la disciplina sobre el servicio, del dogma sobre los hechos, de la retórica sobre la semántica.

Dino Zoff. enseñar a entrenar

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Volver a la realidad del oficio.

Para avanzar en el aprendizaje sano y eficaz del entrenamiento, parece sensato dispersar esa atmósfera enrarecida y asumir convencidamente su carácter real y positivo de oficio; lo cual implica asumir las siguientes realidades:

Su actividad específica es de naturaleza productiva, operativa, técnica: no se trata de un arte o una ciencia ni una tecnología científica sino de una práctica empírica con alto componente artesanal y experimental, exploratorio o de ensayo error.

Dicha práctica, en tanto dirigida a la creación de resultados medibles y concretos, debe sintetizar múltiples dimensiones en combinaciones siempre variables y sin el predominio definitivo de ninguna: funciones informativas, persuasivas, estéticas; factores técnicos, económicos, sociales y culturales; etc.

Su patrimonio conceptual es exclusivamente instrumental (técnicas y procesos; códigos y sistemas) y su transmisión es esencialmente empírica: se redescubren en el hacer y se perfeccionan con la experiencia reiterada. 

Carece de plataforma autoanalítica, no es una disciplina “reflexiva” sino operatoria: se vuelca en su objeto. Los análisis teóricos serios del Entrenamiento sólo pueden realizarse desde disciplinas exteriores que dispongan de una auténtica plataforma categorial de tipo analítica: historia, semiología, sociología, etc.

Ningún discurso teórico, filosófico o científico puede sustituir al “oficio” propiamente dicho mediante presuntas aplicabilidades directas a la práctica deportiva. Sólo pueden incidir en la producción a través del enriquecimiento de las capacidades analíticas del entrenador, útiles pero insuficientes.

La heterogeneidad absoluta de su temática, que oscila desde sistemas de alta complejidad hasta ejercicios simplísimos de agilización de circuitos elementales, le impide formulaciones metodológicas o teorías normativas generales, de validez universal. Carece de una teoría propia en sentido estricto.

Sólo obedece a las exigencias programáticas de cada caso práctico y a los valores culturales en que éste se integra.

Su objeto – el hecho deportivo concreto – posee un carácter crudamente empírico y, por lo tanto, está sobredeterminado por la circunstancia, en la que se mezclan complejos condicionantes socio-económicos y culturales, específicos y cambiantes en el tiempo.

Las habilidades que se combinan en su ejercicio son necesariamente heterogéneas; lo cual desautoriza toda reducción a un principio único:sensibilidad cultural, racionalidad, capacidad analítica, pensamiento e intuición estructural, sentido de la estética, etc. Como la amplísima mayoría de los oficios, el Entrenamiento es tan ajeno a la imaginación libérrima como a la planificación absoluta.

Ideas para aprender un oficio.

Un oficio sólo se aprende ejerciéndolo.

El Entrenamiento no es un arte ni una ciencia aplicada; es un oficio práctico. Lo que manda y ordena el proceso reproductivo (aprendizaje) es el propio proceso productivo (trabajo). Ello no reduce la importancia de la transmisión y apropiación de un sinnúmero de conocimientos teóricos auxiliares; pero éstos sólo se incorporan gracias al proceso de síntesis implícito en la práctica productiva.

Para el aprendizaje del entrenamiento, el único modelo eficaz es el artesanal: cada instrumento, cada técnica está inseparablemente unida al trabajo productivo concreto y se comprende y aprehende en la experiencia de sus efectos transformadores.

El maestro – que no docente – señala déficit y obstáculos, logros y hallazgos en la labor del aprendiz: evita que a éste se le escape la verificación de los resultados de su accionar. El aprendiz aprende a usar los instrumentos imitando al maestro, observando sus comportamientos; igual que los estudiantes que observan tras el cristal del quirófano el trabajo del cirujano.

Las recetas existen, pero deben ser puestas en acción para aprehenderlas: primero se aprende a hablar, luego se aprende gramática; pues para aprenderla es indispensable el lenguaje. La gramática no es sino el descubrimiento de las reglas inconscientes de la lengua. Y la pulen; pero sólo a posteriori.

La calidad de un trabajo se mide por la utilidad de sus resultados.

Ningún trabajo productivo está completo si se interrumpe antes de la verificación de los resultados; o sea, de la evaluación de la eficacia real de lo producido. La verificación tiene un papel estructural como norma del oficio y por lo tanto, de su aprendizaje.

En el aprendizaje artesanal la crítica del producto es esencial. El oficio crece por ciclos sucesivos de perfeccionamiento del manejo de la herramienta. El error es tan importante como el acierto; pues aprender es descubrir porqué salió bien y porqué salió mal y, por lo tanto, poder repetir la acción correcta y corregir la imperfecta.

Los productos de la ejercitación en Entrenamiento deben ser sometidos a la prueba de la eficacia en circunstancias de alta similitud con el hecho final real previsible para así poder corregir realmente el trabajo y avanzar en la experiencia.

En Entrenamiento, el desinterés por la verificación es sinónimo de desinterés por la profesión: el “autor” no verifica pues considera que él ya se ha expresado a través de su obra una vez concluida ésta; la ulterioridad receptiva de la misma es para él irrelevante.

Quien sabe su oficio sabe el valor exacto de las obras propias y ajenas.

En tanto el aprendizaje del Entrenamiento coincide con el proceso de evaluación y corrección de sus progresos, tal aprendizaje debe conllevar el desarrollo de autoridad valorativa de todo desempeño deportivo. El entrenador debe estar habilitado para reconocer la calidad de un partido de fútbol y poder formular los fundamentos objetivos de su valoración.

En el proceso de capacitación profesional debe producirse una ejercitación sólida en la evaluación de calidades y el análisis crítico. Esta capacidad, además, es expresión de un atributo clave del desarrollo profesional como entrenador: la capacidad de distancia respecto de todo código, lenguaje y estilo; o sea, la capacidad de valoración objetiva de todo tipo de pieza con prescindencia de toda predilección estilística personal.

Conclusión.

Si has leido hasta aquí tengo que hacerte una aclaración:

el texto original que inspira este post, del cual es una adaptación con mínimos cambios, no tiene que ver con Entrenamiento ni mucho menos con Fútbol. Se trata de “Enseñar a diseñar o aprender a comunicar” del experto en Comunicación Corporativa Norberto Chaves, quien gentilmente me ha permitido estrujar su trabajo para provocar una reflexión en este foro.

 

Me pareció muy adecuado el texto porque alza la voz de alarma frente a la negación de una disciplina (el Diseño) como oficio y su adorno en teorías y complementos que la disfrazan de lo que no es. En el caso del Entrenamiento de Fútbol, olvidarnos de sus características de, ante todo, oficio, nos hace caer en frustraciones derivadas del pensamiento mágico que pretende que un gran deportista haga un curso de 2 meses y se transforme en un gran entrenador. Hay excepciones, pero tienen que ver con características individuales y no con el fruto de un sistema preparado para la transmisión de un oficio.

Si un entrenador de niños en cualquier club de España, puede llegar a cobrar 200€ al mes por semejante responsabilidad, es señal de que el oficio está siendo torpedeado por el mercantilismo. ¿No crees?

Si quieres leer el artículo original de Norberto Chaves, está en el siguiente enlace de descarga.

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1 opinión en “Enseñar a entrenar o aprender a ganar”

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