La Derrota

Messi en la derrota de la Copa América

El equipo ya está en el vestuario local, los jugadores están cambiados. Algunos tienen sus rituales. Cábalas también.

A través de los entrenamientos de la semana se llevó a cabo lo planificado. Comienza la charla técnica, y por lo tanto, se repasan los conceptos vivenciados durante las practicas. Los futbolistas arrancan a vivir el partido desde los camarines y codifican el mensaje de su entrenador. Hay aceptación. Hay asimilación.

Los jugadores realizan la entrada en calor y exhiben una altísima concentración porque el foco atencional está direccionado en los aspectos relevantes. Todo está listo, el ánimo por las nubes y la confianza intacta.

Empieza el partido, la pelota está rodando y es momento de emplear la estrategia ensayada. Pasan los minutos y la combinación entre precisión y velocidad brilla por su ausencia. El rival también juega, y en consecuencia, gobierna el partido mediante el control de la pelota y la correcta – y mejor – ocupación de los espacios del terreno de juego.

Todo lo que daba resultado, ahora ya no. Cuesta horrores tener claridad. El oponente fabrica jugadas y convierte goles. El entrenador local piensa que no nació para esto, que su oficio debería haber sido otro. Se siente incapaz, inútil, que su aporte no sirve. 

El juego finalizó y hay que enfrentar a los invictos, los que nunca pierden. Los dueños de la verdad, los periodistas, aquellos que buscan sangre y no conocen los límites. También aparecen los “enemigos” que hacen leña del árbol caído y reclaman todo lo que no se hizo. Los dirigentes comienzan a soltarle la mano al DT, esos mismos directivos que lo contrataron.

La derrota es el momento ideal para confirmar las convicciones. Es el examen que hay que superar para medir a un entrenador, equipo y futbolista. Es imposible desatender el contexto, lo que no debería suceder es que el entorno domine la situación. La clave está en convertir la derrota en oportunidad, mediante la coherencia y los principios inquebrantables. Es decir, hacer lo que uno cree, porque no se han conocido entrenadores que hayan tenido éxito haciendo lo que no sentían. Queda prohibido caer bien, responder para la tribuna y hacer lo que la sociedad espera o solicita (dirigentes, hinchas, periodismo).

Es mentira que debe existir un plan B. Tiene que conservarse un plan A, bien desarrollado. Los planes están bien o mal hechos. Ya es sumamente complejo llevar a cabo una idea. Más complicado debe ser poseer dos.

Solamente los convencidos y los capaces no claudican.

Marcelo Bielsa, resume todo: “El liderazgo se ve en la derrota y el conductor solo es bueno si ha superado la adversidad. Las operaciones y los cambios se hacen en la victoria, no en la derrota. La adversidad es el momento de observación de las cosas”.

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