Hasta que la ley Bosman nos separe

A lo largo del tiempo, el fútbol fue mutando en diversos aspectos hasta convertirse en lo que hoy conocemos. En el continente europeo no hubo excepciones y a mediados de los noventa, una sentencia judicial cambió las reglamentaciones y fue la bisagra para la competitividad del viejo continente.

Ganó Bosman, Marca y la ley bosman

Tapa del diario Marca (16/12/1995)

Es sabida la historia de Jean Marc Bosman, el modesto jugador del RFC Lieja que demandó a la UEFA y a la federación de Bélgica en 1991 al ver frustrada su transferencia al fútbol francés. Lo que el díscolo volante belga no tuvo en cuenta fue que su triunfo en la corte (bautizando el resultado como “ley bosman”) representó el cambio más significativo en la historia del fútbol europeo moderno y la derrota más dura para la competitividad del mismo. Dicha reglamentación repercutió en la confección de las plantillas de las ligas más importantes y atentó contra la competitividad de la materia prima de las escuadras de las ligas menores. El caso más emblemático es el gigante Ajax holandés, que desde fines de la década del noventa navega en la intrascendencia.

Frank Arnesen –ex capitán del Ajax-: “Tras la Ley Bosman, los países ricos simplemente vienen y se llevan a los jugadores”.

Con la desaparición de los enclaves nacionalistas (comúnmente llamados cupos extranjeros), los dirigentes de las ligas más poderosas se vieron habilitados a contratar a los mejores jugadores del mundo indistintamente de su nacionalidad, lo que generó que los clubes menores aumenten sus ganancias tras las ventas (se instituyeron los “derechos formativos”) pero hipotequen todas sus chances de competir “de tú a tú”. Desde entonces, el poder se concentró en las cuatro ligas más importantes (La Liga BBVA española, la Serie A italiana, la Premier League inglesa la y Bundesliga alemana). Como agravante a la situación, los cupos de extranjeros siguen vigentes en los países no alineados a la Unión Europea, ampliando aún más la brecha.

Jean Marc Bosman: “Es una paradoja. La ley fue creada para distribuir la riqueza entre todos, pero ahora las ganancias están en manos de unos pocos”.

Para graficar la cuestión es importante resaltar el ejemplo más claro de la metamorfosis que provocó el engorroso caso y su ley Bosman: el Ajax de Ámsterdam. La institución matriz de uno de los movimientos futbolísticos más imponentes comenzó su declive con la venta de Patrick Kluivert, que se fue gratis al Milan en 1997, luego de ser formado por la entidad blanquirroja durante más de doce años. Con el tiempo, los amsterdammers se convirtieron en una institución netamente exportadora de grandes talentos como Zlatan Ibrahimovic, Wesley Sneijder, Rafael Van der Vaart o Christian Eriksen, pero cada vez más relegados en el plano futbolístico internacional. Las estadísticas hablan por sí solas: el elenco holandés no accede a octavos de final de Champions League desde la temporada 2005/06 y no disputa una final europea desde 1995/96, cuando cayeron frente a la Juventus en la disputa final por “la orejona”. Es decir, más de 20 años nadando en la intrascendencia de un sistema que perjudicó a una de las canteras que más aportó a la consolidación estética del fútbol mundial.

Otro de los focos del “efecto Bosman” es la aparición de los “agentes” o “representantes”, quienes ofician de intermediarios en las negociaciones entre clubes y jugadores trabajando bajo el concepto de  la “ficha” de servicios del jugador. Durante 2015, se conoció que la Premier League erogó alrededor de 180 millones de euros a los agentes, dejando librada la clara influencia mercantil en la cotidianidad del fútbol inglés: dar dinero a particulares que controlan a los jugadores y ofician como terceros en este gran negocio mágico.

Jean Marc Bosman: “Los jugadores eran animales enjaulados y yo los liberé. Sin embargo, el fútbol se convirtió en un negocio. Algunos ganan mucho dinero y los contratos no se respetan. Los empresarios compran futbolistas y los convierten en rehenes”.

Pese a la existencia de organismos destinados a proteger a los jugadores profesionales (como la FIFPro) y las buenas intenciones en su momento del ahora ex-futbolista belga, la importancia comercial y mercantil del fútbol terminó por tergiversar las intenciones de Bosman, que relegó la progresión de su carrera al abocarse en aquella batalla jurídica en la que luchó; y si bien obtuvo derechos y protecciones para sus colegas, también generó muchos problemas y agujeros negros en la actividad futbolística y legal. Paradójicamente, hoy Jean Marc, desocupado y con problemas de alcoholismo, es tan víctima como el Ajax o el Steaua Bucarest rumano.

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