Mi espacio como entrenador de futbol

Copa Libertadores de America 2011 | Peñarol - Santos | 110616-7086-jikatu

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El entrenador de futbol, como los jugadores o como el resto de los miembros del cuerpo técnico, es parte de un colectivo. Y como todos los componentes, tiene una importancia, un espacio. Hoy quiero hablar del espacio del entrenador.  No pretendo extrapolarlo a la generalidad, y mucho menos que esto se parezca una verdad absoluta que no existe. Por eso voy a hablar de mi espacio. De aquel espacio que como entrenador, tengo en el equipo. Del peso que me doy, y que pretendo que me compren.

Donde mayor espacio me doy, es en la gestión del grupo. En la gestión de los egos, de los enfados, de las tristezas, de los excesos de confianza. En la gestión de aquellas disputas que en toda convivencia se dan.  En escucharlos. Los entrenamientos de los lunes, los lleva por completo el cuerpo técnico. Aprovecho el tiempo de entrenamiento para hablar con algunos jugadores de forma individual. Termina el partido, y analizo. ¿Cómo están? ¿A quién le has visto jodido? ¿Cómo está ese jugador que lleva sin jugar de inicio 5 partidos? ¿Cómo está el delantero que lleva partidos sin hacer gol? ¿Cómo está el pivote que lleva tres partidos siendo el último cambio? ¿Cómo está este jugador que le he visto triste durante la semana? Valoro, a quien le puede venir bien hablar. Porque muchas veces, un jugador que lleva tiempo sin entrar de inicio, no necesita las palabras del entrenador. 

Palabras de “ya tendrás tu oportunidad, sigue trabajando así”. O dame la oportunidad, o no me vendas humo, pensará de forma lógica. Y anoto, después del entreno, con quien he hablado, con quién me gustaría hablar pero no lo he hecho porque percibía que no iba a sumar, qué reacción he percibido, qué es lo que me ha dicho, la reacción durante el entreno de aquel que he considerado mejor no hablar… Y después le doy vueltas, muchas vueltas.  El jugador necesita escuchar, pero sobre todo, ser escuchado.

El entrenador de futbol está para escuchar

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El jugador necesita escuchar, pero sobre todo, ser escuchado.

En ese espacio, en el de las conversaciones de los lunes, soy especialmente sincero. Matizo con el especialmente, porque casi siempre lo suelo ser. Pero en las charlas grupales, con todo el grupo, hay veces que ser sincero es hacer daño al jugador. Porque hay jugadores que no son capaces de interiorizar ciertas cosas delante del grupo. La persona puede sentirse señalada, expuesta. En las conversaciones cara a cara, la verdad suele ser mejor encajada. Siempre empiezo preguntándoles cómo están. No es lo mismo preguntar “qué tal estás”, que puede ser respondido con un “bien” o un “mal” que preguntar “cómo estás”. Esto último abre más la pregunta, es más concreto, permite concretar más. Creo que ahí, mi espacio como entrenador de futbol es grande. No sé si surte efecto en competición, o si les ayuda a dar pasos. Habrá veces que sí, y otras que no. Pero al menos, casi siempre, noto que lo agradecen. Y con eso me conformo.

Como entrenador, considero que tengo un papel fundamental en la observación. En ver qué es lo que son, qué tipo de jugador tengo, qué tipo de contextos les pueden favorecer. Y ahí, es cuando empezamos a construirnos en una idea, en una identidad que nos defina como equipo. Con identidad no me refiero a principios, sub principios y derivados, sino a intenciones. Cómo juntarlos, con quiénes, de qué forma…

Como entrenador de futbol debería tener un papel fundamental, y no lo tengo, a la hora de permitir nuevos espacios a nuestra identidad. Si considero que lo que estamos haciendo funciona, me suele costar abrir la mente a nuevos matices. Por eso, muchas veces, cuando un partido nos lleva a contextos que no se identifican con aquello que llamo identidad, con esas intenciones que creo que nos definen como equipo, tiendo a frustrarme. Y eso suele jugarme malas pasadas. Tanto en análisis de partido en descanso, como cuando lo analizo en casa. Quiero permitirme ser menos rígido, más flexible en mis prejuicios. Es un espacio que no tengo, pero por el que peleo mucho por tenerlo. Y estoy convencido, que si sigo trabajando en ello, lo tendré. Y me lo comprarán.

El espacio que tengo en las sesiones, es relativamente existente. Me he dado cuenta de una cosa, que hace tiempo, el hecho de confesarlo, me haría sentir muy pequeño. Pero que ahora, el reconocerlo, me hace más fuerte. Si estoy mirando el entrenamiento, lo dirija o no, sale igual. Es decir. Sí que creo, que los jugadores entrenan más fuerte si estoy mirando. Pero hay muchas de las tareas que las dirigen los ayudantes y en las que yo solo miro, para que mi voz no sea continuamente escuchada. Y salen igual. Mis correcciones no hacen que la tarea salga mejor. Cuando me di cuenta de esto, me sentí tremendamente mal, inútil. Ahora me es indiferente, me da igual, porque soy consciente de que los importantes son los jugadores, de que no dependen de mis correcciones para jugar mejor o peor. Necesitan contextos. Entrenamientos bien organizados. Fluidos. En el que el juego sea el principal objetivo. 

Necesitan contextos. Entrenamientos bien organizados. Fluidos. En el que el juego sea el principal objetivo.

Mi espacio en los entrenamientos está en algunas tareas que por estructura y/u objetivo, es importante que corrija o que explique algunas cuestiones, relacionadas principalmente con las intenciones. Ahí, sí que considero que mi papel es relevante. Sólo en ciertas tareas.

En los partidos, creo que tengo poco peso para cambiar dinámicas. En etapas de base, con jugadores adolescentes, suele ser más patente aún que en la élite el “efecto gasolina” del gol. La enorme influencia que el estado emocional tiene en el transcurso del partido. Siento que mi importancia es grande en la charla pre partido en esa gestión de las emociones, pero infinitamente menor durante el partido. Antes de los partidos, la charla suele ser de 15 minutos. Un primer periodo en el que hablamos sobre el momento, sobre dónde estamos. Sobre cómo venimos al partido, qué traemos. Qué nos podemos encontrar, y qué herramientas tenemos. La mayor parte de la charla la dedico a hablar de las herramientas que traemos para afrontar el partido. Nuestras herramientas. Al final suelo hacer referencia a algo relacionado con las emociones, una pequeña historia, una vivencia o algo que creo que puede sumar en ese momento. Y termino, con una frase. Casi siempre, con un tono más elevado. Esto, por supuesto, no hace salir más enchufado a quien no lo está. Quien no está metido, no hay entrenador que lo meta en el partido. Esto trata de regular aquello que ya tienen, aquello que ya traen. Alguien me preguntó que si lo que hago vale para algo. Le dije que no lo sé, pero que lo hago porque creo en ello. Y creo, que los jugadores lo compran.

Esto es parte del espacio que me he dado en el equipo. Un espacio que no será verdadero, hasta que sea un espacio que los jugadores me compren. Que crean en lo que digo, en lo que hago. Y para ello, la única arma que tengo, es la convicción. La convicción en lo que hago, en lo que digo y en cómo lo digo. Desde la sinceridad, desde el trabajo, desde la sensación de sentirse escuchados, queridos, respetados. Valorados. Porque el entrenador de futbol , al fin y al cabo, tiene el espacio que se quiere dar, pero sobre todo, el que los jugadores le quieren comprar.

  • ¿Qué espacio ocupas en tu equipo?
  • ¿Es un espacio impuesto, o comprado?
  • ¿Qué espacio quisieras ocupar?

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2 opiniones en “Mi espacio como entrenador de futbol”

  1. Sin duda espectacular, conversa con lo ke hacen los grandes!!
    Este es un espacio ke permite aprender, mil gracias!!
    Me saco el sombrero ante Haritz! Me llevo gratas impresiones de lo ke mal evalue antes, hoy me sorprendo y creo ke coincidimos en mucho!

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