La degradación de la cultura del debate futbolero

Telebasura

Photo courtesy of Leon Do Cabeiro(CC Attribution)

“Nunca discutas con un estúpido, te hará descender a su nivel y ahí te vencerá por experiencia.” –Mark Twain.

Mark Twain dijo esta frase hace más de 100 años y tiene una vigencia que no solo asusta sino que decepciona.

Este fenómeno ocurre innumerables veces en el ambiente del fútbol y cada vez con más frecuencia. La persona que está capacitada, que tiene argumentos y que se fundamenta en este tipo de “debate futbolero” (con otro individuo que es parte de la población de “termolandia” (1)) es llevada a un terreno en el que se malinterpretan las cosas, en el que se sacan palabras o frases que nunca salieron de la boca de uno y en el que las chicanas y las burlas constantes del “termo” sacan de quicio al capacitado que se queda con amargura y bronca sobre lo ocurrido.

Esta por desgracia es una situación que ocurre innumerables veces y cada vez es más frecuente. Hace mucho en Argentina el “debate de bar” era una situación en la que se aportaba mucho. Esto se ha tornado en una discusión de alcohólicos, que es muy diferente.

¿Qué es propiamente dicho un debate? Desde mi visión, el debate consiste en un intercambio de ideas respetuoso entre dos o más personas. El objetivo del mismo es escuchar al otro e intentar entender su punto de vista, siempre con la mente abierta. Muchas veces esto se imposibilita debido al orgullo de cada uno, del creerse que ya no queda nada más por aprender y por una cuestión de que al ego le cuesta mucho aceptar que quizás el otro tiene algo para aportar. Todos cierran la mente, y ahí se tergiversa todo. En ese momento comienzan los gritos, las chicanas, las burlas, las falsedades, las faltas de respeto, etc.

Si se busca en Google “definición debate” lo primero que aparece es: “Discusión en la que dos o más personas opinan acerca de uno o varios temas y en la que cada uno expone sus ideas y defiende sus opiniones e intereses.” Y si lo que se busca es la definición de discutir aparece que consiste en “examinar y tratar entre [varias personas] un asunto o un tema proponiendo argumentos o razonamientos para explicarlo, solucionarlo o llegar a un acuerdo acerca de él.” 

Al leer esto, creo yo, que si discutir es con el fin de llegar a un acuerdo acerca de un cierto tema; justamente, hay una malformación en el debate futbolero ya que éste no consiste tanto en llegar a un acuerdo sino, como fue mencionado anteriormente, en exponer las ideas con respeto y aceptar lo que pueda decir el otro. También desde mi punto de vista, el debate suele tornarse en una discusión debido a que cada uno cree que su argumento es más válido que el del otro. Entonces, si yo creo que mi argumento es más válido que el del otro: ¿Cómo voy a creer que la otra persona tiene una idea que logre formar y completar mis propias ideas? Por esta razón creo yo que es muy raro que un debate ocurra entre dos personas de distinta ideología.

“El periodista era un fiscal de oficio que veía, pensaba y opinaba. Ahora es un negociante que oye y repite. Acaso más apropiadamente dicho: un showman.” –Dante Panzeri (1921-1978)

En la televisión abundan los programas periodísticos de “debate”. Pero, irónicamente, es casi imposible encontrar un real debate futbolero en éstos que son más show que otra cosa. Muchos periodistas actúan de forma repudiable frente a la persona que no piensa como ellos, tratándolo de “boludo” o de “gil”.

Sí, al parecer ahora disentir es equivalente a ser un idiota. Considero yo, desde mi humilde opinión, que con todas las horas al aire que tienen estos tipos de “shows” se podrían armar programas con un debate real, respetuoso y con personas dispuestas a analizar seriamente este juego tan apasionante como lo es el fútbol. Lamentablemente, el periodismo muchas veces subestima a su público y como bien dijo el ex jugador y actual comentarista deportivo Diego Latorre: “Veo que hay un grado de irresponsabilidad total hoy en el periodista, donde le interesa mucho más armarse un personaje que estudiar, analizar o investigar. Hoy se dice una cosa y a la semana siguiente se dice la contraria, y todo ello con una vehemencia que asusta. Todo consiste en un discurso fácil para un público fácil. Un público que quiere todo ya, que no piensa.” Desde mi óptica, la televisión tiene un poder que podría ser aprovechado mucho más, para la educación y para ayudar a pensar a la gente. Mi situación idónea sería una en la cual yo pueda tener para elegir una variedad de programas de debate futbolero en los cuales pueda nutrir mi mente de análisis futbolísticos (del juego); y no solamente programas en los que me cuenten durante dos horas la misma noticia periférica al fútbol.

Martín Lafita

(1) NdE: “Termo”, “Termolandia”, “cabeza de termo” y sucedáneos son términos despectivos usados por una supuesta elite instruida en Argentina, para etiquetar a gente de bajo nivel cultural o reflexivo. Paradójicamente, hay una gran coincidencia entre la falta de altura discursiva de los que enarbolan el vocablo y la frecuencia con la que lo disparan hacia otros.

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