Facundo Quignon: simplificación y complejidad

En el fútbol argentino no es común que adopten trascendencia los volantes creativos. Al menos en los últimos años. Sin embargo, en Newell’s Old Boys sobresale la figura de Facundo Quignon, quien en poco tiempo se hizo dueño de la mitad del campo gracias a su particular visión de juego y primer pase. A continuación, el análisis a fondo de uno de los pilares del escolta del certamen.

Facundo Quignon

“Los jugadores que miro y me gustan son volantes mixtos que cumplen las dos funciones: recuperar , armar la jugada y llegar al área para terminarla”.

Surgido y formado en River Plate, el joven volante debió lidiar con una época donde fueron promovidos otros mediocentros de su mismo linaje como Matías Kranevitter, Ezequiel Cirigliano o Guido Rodríguez. Ante la superpoblación del puesto y las ganas de jugar recaló en San Lorenzo de Almagro, donde bajo la conducción de Edgardo Bauza logró el tan ansiado debut, justamente frente a Newell’s Old Boys en abril de 2014.

Ante la reiterada carencia de oportunidades, en julio del 2016 se sumó al equipo de Diego Osella, en ese entonces cuestionado debido al decadente funcionamiento del elenco rosarino. Tras un comienzo dubitativo –derrota por Copa Argentina frente a Deportivo Morón-, Quignon logró asentarse en el doble pivote con actuaciones convincentes y exhibiendo un vasto repertorio técnico-táctico que permitió que los aportes de Maxi Rodríguez, Mauro Formica e Ignacio Scocco comenzaran a gravitar con profusión.

“De los que juegan en Argentina destaco a Fernando Gago por su panorama, y de Europa a Esteban Cambiasso y al inglés Jack Wilshere, aunque mis debilidades son Fernando Redondo y Javier Mascherano. Creo que si los juntamos hacemos al cinco ideal”. 

Para entender el rol de Facundo Quignon dentro del engranaje de Osella hay que aplicar contexto. Al desempeñarse en un doble pivote junto a acompañantes como Diego Mateo, Sebastián Prediger o Juan Ignacio Sills, el respaldo y rigor específicamente defensivo de los mencionados permitieron que el ex-San Lorenzo se desempeñe con mayor soltura, usufructuando sus principales atributos: pase y control, visión de juego y posicionamiento, para entonces así acomplejar los ataques. La correcta inserción de los distintos intérpretes contribuyó para que el conjunto rosarino se reencontrara con una faceta que había perdido durante los anteriores ciclos: la estabilidad en la mitad del campo. Presión efectiva en tres cuartos, correcta ocupación de los espacios y la sociedad Quignon-Formica que permitió enlazar dicha contención del bloque bajo con el vértigo y la determinación de la delantera comandada por Rodríguez, Scocco y Joel Amoroso. 

“Diego (Osella) nos pide que presionemos alto en zona 1 para sorprender al rival abierto en la salida y, con espacios, aprovechar el mano a mano a través de la jerarquía individual”.

Hace unas semanas declaró que le gusta jugar en el medio porque por la línea se “limita” y es como si fuera “un jugador más”. “Por el centro estoy más cerca de la pelota para jugar”, sentencia y allí radica la clave: cuando el balón pasa por Facundo Quignon, Newell’s adquiere volumen en tres cuartos, y lo que a simple vista parece complejo, comienza a simplificarse. Formica con libertad de acción, Amoroso picando al vacío y Maxi junto a Scocco realizando diagonales confeccionan los mortíferos ataques del escolta del campeonato, que volverá al ruedo el próximo sábado frente a Defensa y Justicia, buscando treparse a la punta del certamen.

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