No sé porqué: No estamos capacitados para dar respuesta a miles de preguntas que el juego del fútbol plantea.

Preguntas de el juego del fútbol

Photo courtesy of ○ I(CC ShareALike)

Recuerdo hace mucho tiempo, volviendo en coche con el preparador físico a casa, íbamos hablando del Atlético de Simeone. Él decía que iba a ganar la liga, que iban como motos. Yo le decía que era imposible, que un equipo que no manejaba el “momento con balón” no podía ganar una competición de 38 jornadas. En cambio, sí que me aventuré a decir que la Champions sí que la podían ganar, porque su tipo de juego era propicio para las eliminatorias. Cayó en la final de Champions contra el Madrid y ganó la liga en la última jornada en el Camp Nou.

Aunque lo parezca, no sólo era un pésimo pronóstico, sino una defensa a ultranza de unas creencias que creía que eran las verdaderas. No se puede dominar el balón ante una defensa encerrada si no es con paciencia y mimo. Moviendo de lado a lado. Me lo había enseñado Guardiola, no podía no ser cierto. Hasta que llegó un equipo que no movía de lado a lado, sino que lo movía a un lado para meter mucha gente en área y ponerla. Casi siempre, con los laterales. Mis pronósticos no eran más que malos argumentos. Como entrenador me formé con el Barca de Guardiola, y había visto ganar como lo hacía el barca de Guardiola. Y llegó Bielsa al Athletic, y me hizo disfrutar como nunca lo había hecho. Y el Atlético del Cholo era demasiada… “piedra”.  No podía ser que un equipo con esa propuesta ganase una liga en el juego del fútbol.

Recuerdo también, no hace tanto tiempo, cómo justificaba que MI equipo no podía jugar de otra forma que no fuese desde la estructura. Desde tener balón continuamente, juntos, y tras perderla robarla todos juntos. Como cuando éramos pequeños, parafraseando a Bielsa. Hasta que un partido, de forma natural, nos partimos, y me permití ver que ciertos jugadores, en esos partidos “sin estructura”, también podían ser. Futbol, dinámica de lo impensado, que diría Panzeri.

Miro atrás, y pienso que era estúpido. Que los súper ideales que en los que me había construido no son más que una pequeña parte de una realidad que jamás voy a poder conocer completa. Porque si algo me enseña el juego, una y otra vez, es que esto no responde a prácticamente ningún causa-efecto… Podría atreverme a decir que en el juego, casi todo es relativo. Que si he tenido una buena secuencia de balón, va a aumentar la probabilidad de que cuando la pierda pueda apretar bien. Pero en ese caso, si la recuperas, achacarlo a eso es relativo. Sí, te ha dado más probabilidades de hacerlo. Pero ¿que se haya recuperado se puede achacar obligatoriamente a eso? ¿Qué peso tiene ahí la CASUALIDAD?  Porque si todo fuera causal. ¿Por qué no siempre que hago una buena secuencia buena no la recupero enseguida?

¿Qué causalidad se le da a la remontada del barca después del repaso que le dio el PSG en el parque de los príncipes? ¿Cómo puede ser que el Atlético gane tantos partidos pasando tanto tiempo en campo propio? ¿Por qué el Arsenal de Wenger lleva tanto sin ganar nada importante? ¿Por qué Guardiola no ganó ninguna Champions con el Bayern? ¿Por qué Bielsa no ha ganado más títulos? ¿Por qué el Atlético ha perdido las dos finales contra el Madrid de esa forma? Pues vete a saber. No tenemos ni idea. Toda respuesta que queramos dar a cualquiera de estas preguntas va a estar llena de ideas que ya tenemos establecidas anteriormente, que seguramente, nada tengan que ver con la pregunta. Porque poco más sabemos con certeza, de que no sabemos absolutamente nada.

No estamos capacitados para dar respuesta a miles de preguntas que el juego del fútbol plantea. No somos capaces de encontrar la causa de la consecuencia. Ni siquiera podemos saber a ciencia cierta si la consecuencia tiene siquiera una causa. Es duro aceptar que no sabemos más que lo que vemos. Y a veces, ni eso. Porque lo que vemos viene condicionado por lo que creemos saber.

A medida que voy entendiendo que no tengo la capacidad de entender muchas de las cosas, me voy atreviendo a decir, poco a poco, en voz alta, “no sé por qué”.  

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