Fútbol burbuja

Fútbol burbuja

Photo courtesy of CJS*64(CC No Derivatives)

Hoy, solamente una cosa es cierta sobre el precio del traspaso de un jugador de fútbol con peso mediático y tal vez, deportivo: en el fútbol burbuja, pagaremos menos ahora por ese jugador que lo que nos costará mañana.

¿Recuerdan que Sandro Rosell quiso, presumiblemente, ocultar el coste real de la transferencia de Neymar declarando que había costado “solamente” 57 millones de euros, cuando en realidad pueden haber sido 83 millones? Si en vez de haber urdido aquél plan en 2011 lo hubiese hecho en 2017, habría sonado tirado de precio un traspaso de 150 millones de euros y levantado sospechas por una cotización demasiado a la baja.

La pregunta inmediata en la calle es “Si Neymar cuesta 222, Messi cuánto vale? ¿500?” La irracionalidad del fútbol nos hace razonar que 500 millones de euros por una persona que patea un balón es un precio “de mercado”.

Como en toda burbuja que se precie, la carrera hacia arriba de los precios del fútbol burbuja tiene mucho más que ver con las ganancias que obtendrán los avispados que intermedian en las transacciones (en principio, en el fútbol, los representantes) que con alguna clase de valor generado en ingresos económicos basados en la venta de cualquier tipo de bien.

El representante es “el malo de la película” y el que presenta un negocio claro: cobra un porcentaje por la venta, y cuanto más valga su mercancía, mayores serán sus ganancias.

¿Pero qué pasa cuando en realidad el fútbol burbuja cultiva una red de dirigentes, políticos, testaferros, amigos, enchufados, conectados, allegados, influyentes, chupadores del bote, padres, madres, hermanos, socios, prestamistas, usureros, ojeadores, scouters, avivados, espabilados y otros tantos más, a los que les conviene que el precio de “la mercancía” vaya al alza?

Nos enseñan las filas de franceses esperando para comprar la camiseta de Neymar Jr en el PSG, y se insinúa que este es el negocio generado por el jugador y una de las patas sobre las que se asienta el valor de su traspaso (222 millones de euros es la cláusula de rescisión que ha pagado el club parisino al Barcelona). Si calculamos, tirando alto, un precio de 150€ por camiseta, tendrían que vender 1 millón y medio de ellas para recuperar el dinero de la cláusula pagada. Como comparación, dicen que la más vendida en la historia del Real Madrid es la de Cristiano Ronaldo, con cerca de 1 millón total. Entonces, si no se recuperará con camisetas, cuál es la fuente de ingresos que justifica que un jugador de fútbol cueste la exorbitancia que vemos? ¿Y si esa fuente existe, tiene una rentabilidad justificada? En el fútbol burbuja, esa pregunta no tiene relevancia.

Otra característica de las burbujas es que quienes más éxito tendrán son los que sepan retirarse a tiempo, dejando los precios de los activos por las nubes a quienes no podrán luego recuperar lo puesto, al reventar la burbuja y destruirse las condiciones de mercado alcista, aparentemente ilimitado. ¿Son los derechos televisivos, la otra gran fuente de ingresos que está detrás de la industria futbolística, sostenibles en el tiempo? Los directivos del fútbol burbuja pagan traspasos a precios estratosféricos y sueldos explosivos con dinero que no es suyo, que viene mayormente de los contratos de derechos televisivos adjudicados o negociados por cada club.

¿Y quiénes son los anunciantes que insuflan fondos al negocio de los derechos televisivos del fútbol? Si intentamos adivinarlo por lo que vemos en la publicidad cada vez que se transmite un partido, podríamos decir que los mayores publicistas son fabricantes de coches y empresas de transporte aéreo.

En un mundo con recursos energéticos a la baja, con el negocio del petróleo en crisis (cuando se vende a un precio rentable para los productores es demasiado caro para la economía, y cuando el precio baja la suficiente para mantener las ventas (como en la actualidad) el precio no compensa las inversiones necesarias de la industria, se vislumbran espesas nubes negras en el horizonte para el grueso de los anunciantes del fútbol actual. 

Cambio climático, precios del petróleo volátiles, inestabilidad política en casi todos los países productores, números de risa de ventas de vehículos eléctricos, congelamiento de inversiones en nuevas exploraciones por parte de las empresas petrolíferas, guerras abiertas, cerradas, civiles, frías y calientes alrededor de la producción petrolera y un sinfín de factores de riesgo más, orbitando sobre el mundo del automóvil y el turismo basado en vuelos de bajo coste.

Otro factor que contribuye a la aceleración de la burbuja es la combinación con un esquema de tipo piramidal (esquema Ponzi), donde el dinero inyectado al sistema crece mientras crezcan los miembros que entran al mismo con la esperanza de generar ingresos a futuro. Como podemos leer en Wikipedia “Este sistema consiste en un proceso en el que las ganancias que obtienen los primeros inversionistas son generadas gracias al dinero aportado por ellos mismos o por otros nuevos inversores que caen engañados por las promesas de obtener, en algunos casos, grandes beneficios. El sistema funciona solamente si crece la cantidad de nuevas víctimas. Por lo tanto, también es conocido como sistema piramidal en el cual la única manera de cubrir los altos retornos es por medio del dinero de otro participante de la pirámide.”

Mientras que se sabe que la probabilidad de llegar a ser futbolista profesional de élite para un joven talentoso que dedique el máximo de su tiempo disponible a entrenar como un animal poseído, es cercana al 0,1% (de cada 1000 jugadores de altísima dedicación y talento, llegará 1) el negocio del fútbol nos muestra a sus estrellas de una forma tan insistente y promiscua que se nos olvida que tendremos más posibilidades de cumplir nuestros deseos intentando correr los 100 metros llanos en la mitad de tiempo que Usain Bolt, que en convertirnos en el nuevo Leo Messi.

El esquema Ponzi del fútbol se alimenta a diario de cantidades masivas de niños cuyos padres PAGAN para enviarles a formarse, en muchos casos por períodos mayores a 15 años ininterrumpidos, mientras el sueldo de los formadores hipercalificados que se encargarán de velar por su desarrollo no alcanza en muchas veces a igualar lo pagado por los padres de 4 de esos niños al mes.

Entonces, tenemos familias que pagan con la esperanza de que sus hijos lleguen algún día a formar parte de ese 0,1% mientras son conducidos por entrenadores jóvenes muy preparados que invierten tiempo y dinero a su vez, con la ilusión de llegar a ser entrenadores de élite, para en vez de cobrar 200€ mensuales, disfrutar de sueldos mucho más atractivos.

¿Y si los niños no llegan, los entrenadores lo dejan al no poder resistir dejarle la sangre al sistema cada semana, el petróleo se acaba, las ventas de coches se desploman, los viajes en avión se vuelven caros como antes y la economía colapsa junto con el clima que se vuelve agobiantemente hostil… qué pasará con el fútbol como industria?

Es probable que no podamos aventurar un pronóstico, solo podemos decir que mañana, un jugador costará más que hoy… hasta que ya no sea verdad.

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