Independiente: de América al Mundo – Parte 1

Independiente

El equipo de Avellaneda vive una época de sanación de heridas, de reanimación; tras soportar y salir del infierno y catástrofe deportiva que significa para un grande descender a la B Nacional, busca volver al privilegiado olimpo de los gigantes. Sin embargo, pase lo que pase, es casi imposible que los años venideros sean tan fructíferos como los detallados a continuación. Si el club argentino es hoy el máximo ganador de la Copa Libertadores de América y uno de los más reconocidos clubes a nivel mundial, es debido a la importancia que adquirió en esa época tan exitosa, consiguiendo todos los títulos posibles ante rivales tan diversos como sorprendentes.

Si bien el equipo ya estaba llamado a ser un grande por sus actuaciones en las competencias nacionales, fue a partir de la década de 1950 que Independiente empezó a ganarse un lugar entre los importantes. El motivo principal fue que el club logró juntar una delantera que podría compararse con la que integraba la famosa ”Maquina” riverplatense de los años 40; Micheli, Cecconato, Lacasia, Grillo y Cruz fueron una combinación de habilidad, potencia, velocidad e inteligencia que encabezaba un 2-3-5 clásico y muy poderoso. Como era lógico de esperar, los resultados fueron maravillosos; en una gira europea, Independiente logró un 6-0 completamente sorpresivo frente a 60.000 hinchas ante uno de los equipos de la época, que luego ganaría consecutivamente cinco Copas de Europa, el Real Madrid de Alfredo Di Stefano. Lo más increíble es que, aparte de dar alegrías a su club, la delantera completa formó parte de la Selección Argentina, en el año 1953, cosechando con ésta dos victorias muy importantes; una contra España y otra muy recordada contra un seleccionado inglés (aunque muchos crean que era la selección inglesa, lo cierto es que era un combinado casi sin ningún titular), donde Grillo fue figura en El Monumental, convirtiendo 2 goles. Aunque parezca mentira, el Rojo no logró ganar ningún torneo en esa década y además, Racing consiguió empatarle en cantidad de victorias en el historial. Hace varios años, en el 2000 para ser exactos, algunos que conformaron ese famoso equipo goleador, se reunieron para encontrar las causas del fracaso. ”Nos conformábamos con pelear arriba”, coincidieron. Cruz explicó que ”Para salir campeones, había que tener un plantel grande, como River. Los dirigentes no reforzaban el plantel y se terminaba recurriendo siempre a inferiores”. Lo cierto es que a pesar de no conseguir campeonatos, dejaron bien clara la manera en la que debían jugar sus sucesores; al ataque, con espectáculo y de forma endiablada. La década siguiente inició de otra manera; con una generación repleta de nuevos jugadores como Rolán, Silveira y el gran creador por derecha, Douksas, Independiente se consagró en el Torneo AFA de 1960 con 41 puntos, por encima de River y Argentinos, ambos como escoltas con 39. Así, tuvieron la oportunidad de disputar la Copa Libertadores del año siguiente, que por cierto, se creó el mismo año en que Independiente triunfó en Argentina. El sueño duró poco; derrotas de local y de visitante contra Palmeiras opacaron el deseo de obtener una copa continental que adquiriría rápidamente importancia. A pesar de tener actuaciones destacadas en los siguientes dos campeonatos, no fueron suficientes para obtener el torneo local y conseguir el pase a la Libertadores. Pero en 1963, con el debut de jóvenes de inferiores como Miguel Ángel Santoro, portero considerado como el mejor de la historia del club junto a Fernando Bello y de Raúl Bernao, wing derecho exquisito de calidad mágica e impredecible en todo momento, Independiente volvió a ganar el título nacional, sellando su segunda clasificación a la Copa Campeones de América, como era llamada en ese momento. Al plantel, que tenía una calidad impresionante, tan solo le faltaba la mística, traída por Manuel Giudice y la preparación física, a cargo de Horacio García. De ésta forma, se creó un equipo de maravillosa condición táctico-técnico-físico-psicológica que quedó encuadrado en un grupo con Millonarios y Alianza Lima. Humilló a sus dos rivales en la Doble Visera (antiguo estadio de Independiente) y terminó la fase de grupos sin disputar un solo encuentro de visitante: contra Millonarios, por problemas entre la CONMEBOL y la Federación Colombiana, se le cedieron los puntos al Rojo, mientras que contra Alianza Lima, el encuentro debió disputarse en Avellaneda por serios problemas en el partido que jugaron Argentina y Perú días antes. La semifinal tuvo gustito a final; el Santos de Pelé, que se había consagrado bicampeón en el certamen anterior, fue el rival a batir. Independiente salió decidido a conquistar su primer trofeo a nivel continental. El partido en el Maracaná fue único e irrepetible; el conjunto argentino perdía por 2-0 y terminó dándolo vuelta, ganando 3-2, con goles del tridente ofensivo; el ya mencionado Bernao, Luis Ernesto Suárez y Mario Rodriguez, goleador de la Copa. En su casa, más tranquilo tras la impresionante victoria en tierras brasileras, sentenció la llave de forma definitiva; 2-1 con goles de Mori y Rodríguez. Independiente se encontraba en su primera final continental, donde esperaba otro equipo que deseaba su primera Libertadores; el Nacional de Uruguay. Empate sin goles en Montevideo y todo a definir en la Doble Visera donde un gol de ‘’Mariulo’’ Rodríguez coronó a Independiente, en su casa, ante 80000 personas, que vieron como su equipo se catapultaba a la Intercontinental, es decir, al reconocimiento tanto en América como en el Mundo. El objetivo era evidente pero no era nada sencillo; el Rojo debía enfrentarse al mejor Inter de todos los tiempos, el de Helenio Herrera, un argentino experto de la táctica e inventor de un ‘’renovado’’ Catenaccio, donde un lateral izquierdo pasaba constantemente al ataque y en el cuál se trataba de llegar al área rival ‘’en 3 toques’’. La cosa no inició tan mal como cabría esperar; logró la ventaja en casa con un gol de Rodríguez, uno de los refuerzos que más rindieron en toda la historia del Rojo. En el San Siro, la localía volvió a valer y el equipo italiano se llevó el triunfo con un tanto de Mazzola y otro de Corso. Debía disputarse un desempate. Sin equipos locales, ésta vez el encuentro se disputó en el estadio del primer campeón Intercontinental, el Santiago Bernabeu. Un tardío gol de Mario Corso consagró al Inter y dejó el sabor agridulce en el equipo argentino, que había transpirado hasta la última gota para llevarse la Copa más importante a nivel clubes. Un dato a destacar es que el Rojo convirtió por medio de Raúl Bernao un gol válido que fue anulado por offside. En fin, Independiente no consiguió acceder al Olimpo de los Grandes, donde tenía reservado un lugar que era cuestión de tiempo que tomara.

Durante el transcurso de ese 1964, Independiente no había tenido la oportunidad de campeonar en el Torneo AFA. Sin embargo, al ser campeón de la Copa continental anterior, entró de manera directa por dicho medio y representó a Argentina junto a Boca Juniors, campeón de la Primera División. Mientras el Xeneize disputaba la Fase de Grupos, Independiente descansaba, disfrutaba la pretemporada; al ser los ganadores de la última edición, tenían la ventaja de arrancar en Semifinales. A partir de la siguiente competición, esto cambiaría. Ahí se enfrentaron, justamente, a su par argentino, que ganó los cuatro partidos que disputó en fase de grupos. En el primer encuentro, disputado en la Doble Visera, Independiente ganó con contundencia y precisión, tanto en ataque como en defensa; Mura y Rodríguez pusieron el 2-0 en el marcador, que fue fundamentalmente sostenido gracias a Santoro, quien atajó un penal a Norberto Menendez. Pero en la Bombonera, fue Boca quien se impuso gracias al gol de Alfredo Rojas. Debía disputarse un desempate. Jugado éste en Buenos Aires, terminó sin tantos para ninguno de los dos equipos por lo que el Rojo pasó a la final debido a la diferencia de goles; Independiente volvía, nuevamente de la mano de Manuel Giudice, a llegar a la final continental. Doble Visera llena y el árbitro Yamasaki, que varias historias tiene para contar de años pasados donde dirigió en Mundiales, pitó el inicio del partido, ante un bicampeón continental, Peñarol. Éste ofreció resistencia y mostró sus ganas de volver a hacerse con el trofeo pero Raúl Bernao le dio una advertencia; gol y presión para el equipo uruguayo. Como todo conjunto profesional, Peñarol sabía lidiar con estas situaciones y lo demostró de manera contundente en Montevideo; Goncalves, Reznik y Rocha convirtieron en el Centenario y dejaron todo abierto. El desempate definiría al nuevo campeón de América. Y ésta vez, la clase independentista fue mucho más que la ”garra charrúa”; en una muestra de fútbol endemoniado, el equipo argentino ganaba 3-1 al finalizar el primer tiempo. El primer tanto fue en contra de Pérez, el segundo fue de Raúl Bernao y el tercero fue convertido por Roque Avallay, gran refuerzo que estuvo tan solo una temporada en el equipo bonaerense. Para Peñarol, descontó Joya. Y Osvaldo Mura, a los 82 minutos de partido, sentenció; con un gol que a futuro sería descrito como ”a lo Maradona”, fue eludiendo jugadores aurinegros y terminó la jugada con un potente remate que dejó sin opciones al arquero rival. La mística seguía vigente e Independiente se hacía con otro título continental, demostrando que la Copa anterior no había sido casualidad y que era, sin lugar a dudas, el mejor equipo de América. La ‘’V’’ de la Victoria fue un símbolo de la mística copera que tendría el Rojo durante todos esos años, en los que dejó boquiabierto al espectador que lo mirase, siempre, sorprendiendo incluso, a sus propios hinchas. En la Copa Intercontinental, el destino volvió a cruzar al Rojo con el Inter de Herrera. Ésta vez, no hubo un intento de buen fútbol por parte del equipo de Avellaneda y, por consiguiente, ninguna igualdad se vio reflejada en la cancha; el equipo italiano dejó todo prácticamente definido en su propio estadio, venciendo 3-0 con gol de Peiró y un doblete de Sandro Mazzola. El empate en la Doble Visera volvió a dejar a Independiente con las manos vacías. Segundo año consecutivo que perdía la Intercontinental, quedándose sin demostrar el poderío sudamericano ante el Mundo.

Dado el fantástico año que había acabado de terminar, 1966 no fue muy fructífero para Independiente. Aunque la Copa Libertadores (ese año empezó a usar dicho nombre) empezó el 30 de Enero, el Rojo inició en Segunda Ronda como campeón del Torneo anterior, la cual se abrio para el equipo de Avellaneda el 8 de Abril. Igualó en cantidad de puntos con el puntero pero no alcanzó. Dicho primer lugar era de River Plate, que se encontraba en una de sus etapas más oscuras; un período sin títulos que se extendería por 18 años y cuyo inicio había coincidido con el fracaso argentino en el Mundial de Suecia, hecho que dio paso a un alejamiento de los valores de La Nuestra. Cabe mencionar que, aunque no fueran santos, Independiente había sido una destacable excepción durante esos años infames, ganando campeonatos con un estilo agresivo pero radicalmente diferente al del Racing de Pizzuti y el Estudiantes de Zubeldía, máximos representantes de la situación argentina a fines de los años 60′. En el Campeonato local tampoco logró destacar: a pesar de sumar 44 puntos y tener a Luis Artime, el máximo artillero del campeonato, el equipo de Giudice se ubicó en el sexto lugar. El año siguiente, el sistema de Torneos del fútbol argentino sufrió un cambio radical; desaparecieron los torneos largos y aparecieron dos campeonatos por separado, el Metropolitano y el Nacional. En el primero, aunque llegó a las semifinales, no logró derrotar en dicha instancia a su rival de toda la vida, Racing. La Academia debió enfrentarse a otro equipo de su mismo estilo en la final, Estudiantes, hecho que reflejaba quienes eran los que encabezaban el fútbol argentino por aquellos años. Pero en el Nacional, Independiente notó un gran lavado de cara; de la mano del brasilero Oswaldo Brandao, el Rojo se consagró campeón en un certamen histórico. Formando con una especie de inédito 4-3-3, certificó un récord que mantiene hasta el día de hoy, siendo el ganador con el mayor porcentaje de efectividad en la historia: 86,67%. Sus números eran arrasadores; jugaron 15 partidos, ganaron 12, empataron 2 y perdieron tan solo 1 contra San Lorenzo. La calidad de un plantel muy amplio fue una de las claves del éxito; Miguel Ángel Santoro era el guardameta inicial. Roberto Ferreiro, robusto y sólido, era el lateral derecho. La pareja de zagueros estaba compuesta por Idalino Mongues y David Acevedo. El impasable Elbio Pavoni era un fijo en la izquierda. José Omar Pastoriza era el indiscutible creador de juego en la mitad de cancha. El Ex-Racing llegó a Independiente un año antes de que su histórico rival tocara el cielo con las manos venciendo en la Intercontinental al Celtic de Jock Stein. Esa hegemonía no se mantendría mucho tiempo y pronto, el Rojo inclinaría la balanza hacia su lado. La delantera estaba compuesta por nombres tan rutilantes que algunas estrellas y jugadores fundamentales debieron quedarse en el banquillo; Raúl Bernao, Raúl Savoy, Luis Artime, Héctor Yazalde y Aníbal Tarabini. En el banco, Vicente De La Mata Jr. y Osvaldo Mura (autor de un gol fundamental para la obtención de la Segunda Libertadores) debían ver relucir a ese equipo que, para su mala suerte, no ganaría una Copa Libertadores hasta 1972, aunque dejaba atónitos a una buena cantidad de espectadores a nivel nacional. Manteniéndose en los primeros puestos, no se consagró hasta 1970, año en el que Manuel Giudice volvió a ponerse el traje de entrenador en el Rey de Copas, tras un breve paso por Velez. Con un equipo que mantuvo la base animadora de campeonatos anteriores, Independiente se sintió muy cómodo durante todo el certamen aunque la oportunidad de consagrarse se torció al final; perdiendo tres partidos inesperadamente, debía vencer a Racing por un mínimo de tres goles si quería ser campeón. Y no lo pudo hacer de mejor manera; perdiendo primero 1-0 y luego 2-1, lo dio vuelta con un espectacular gol de Yazalde cerca del final. Lo insólito del partido fue que el árbitro Humberto Dellacasa hizo repetir un penal en tres ocasiones, algo que no pudo evitar la vuelta olímpica del equipo dirigido por Giudice, que se despedía con la mística intacta. 

© 2017, www.centrojas.com. Todos los derechos reservados. Nos encanta compartir nuestro contenido: si copias algo de este blog, cita la fuente con un enlace completo a nuestro sitio y pon la cuenta de Twitter del autor si existiese. Si lo haces de otra manera te dedicaremos un post.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.