“Vamos muchachos, quiero sangre, polémica.” Periodismo deportivo en el país del Bailando

Así abre la charla un profesor en la materia televisión en mi facultad de periodismo deportivo. Los pibes pasan al frente y son apuntados con la cámara. Presentación va, opinión viene y llegaron a tal punto de acuerdo que no hubo gritos. El profesor, en el veredicto final, se mostró molesto con la falta de exageración. Entonces, pasa al frente con otros alumnos y empieza a pinchar a todos, a buscar el roce televisivo y a llegar al ansioso e ignorante “aumento de rating” (la risa de los compañeros de fondo). Mientras el rating sube, el periodismo baja.

No tiene la culpa total un simple periodista que ejerce con el título de nadie la docencia para la juventud del futuro. Tampoco es culpable de que tenga que gritar o hacerse ver desde el show. En definitiva, termina siendo un producto de las corporaciones. Un laburante, con el agravante de que puede perjudicar a todo un público que lo sigue.

El periodismo está atravesando un retroceso profesional hace ya un tiempo indefinido, y todavía nadie ha hecho nada para cambiarlo. Independientemente de que la palabra está fuertemente acorralada por la lógica empresarial y dirigencial, también empezaron a adueñarse de la postura y la estética. No solo se robaron la verdad, sino que también lo hacen con la dignidad de los que creen que gritar y actuar son cualidades de un periodista.

En todas las ramas del periodismo deportivo tradicional (radio, gráfica y tv) atentan contra la honestidad intelectual. El imponer está por encima del analizar. Buscaban convertir (y lo lograron en su gran mayoría) al público en multitud. Cambiaron la reflexión de la gente por la risa. Creyeron que la mejor manera de achatar y distraer es a través del efecto contagio de la estupidez humana. El “periodista” que grita o le tira a otro colega del club opuesto un cajón de verduras es el representante promedio del “neotermismo”. Un neotermismo que tiene que ver con un folclore de pacotilla, donde el mensaje de trasfondo invita a la xenofobia, al racismo y a todas esas ideas funestas que alguien evidentemente piensa.

Siguiendo con la tónica de la opinión antes que el análisis, es muy recurrente que en las facultades o terciarios pidan con total exigencia una opinión que exceda el análisis. Como si el protagonismo fuera tu palabra y no los hechos que transcurrieron. Es más importante saber cuál es tu mirada subjetiva sobre Di María que, desde el análisis, tratar de entender por qué sufre lesiones o a veces no toma las mejores decisiones. Serás más héroe si decís que Mascherano es el capitán de la derrota antes de saber por qué argentina en 270 minutos no logró hacer un gol. Es más sencillo decir “Messi camina la cancha” que analizar por qué camina y en qué circunstancias. Sentenciar como arma principal, análisis como decorado de la situación.

También los jóvenes que estudiantes de periodismo deportivo tienen una pequeña culpa al no buscar despertar el fuego sagrado de la profesión. Si bien siempre alguien logra causar un estímulo a través de un concepto, charla o escrito, no está mal también buscar el interés. Desde un video de youtube que diga “Compilados Niembro” hasta encontrar escritos de Dante Panzeri. De buscar alcahueterías de Majul a leer en pdf Operación Masacre de Rodolfo Walsh. La inquietud se despierta desde la predisposición para con uno mismo. Para al menos sentir que con un poco de atención se justifica el pago de un terciario (que es bastante salado).

El periodismo sin dudas que necesita un giro de 180 grados. Necesita contenidos virtuales que logren impactar en la gente a través de la buena comunicación y la profundización. Necesita renovarse, conocer caras nuevas que ofrezcan conocimientos.  Como dijo Menotti: “hay que transformar al espectador en público”. Lograr generar una hipótesis para que cada uno desde su lugar logre fortalecer una conciencia sobre la realidad, sea política, deportiva o económica. Invitar a pensar, a contradecirse, a debatir con respeto y a despertar la curiosidad.  Y sobre todo entender que nunca se termina de aprender, sino tener el aprendizaje como una herramienta de compañía para toda la vida.

Panzeri y Menotti: periodismo deportivo de altura

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