Oíd mortales el grito

El grito de la gaviota - Seagull scream

Photo courtesy of Dani_vr(CC ShareALike)

Los argentinos somos exagerados. En general, gritamos. En vez de explicarnos, demostramos que tenemos la razón. En todo intercambio de opiniones, el 90% del esfuerzo será destinado a sofocar al otro con la contundencia (onanística) de nuestras ideas, y el restante 10% lo usaremos para que crea que las suyas nos interesan. Un pepino. “¿A mí me vas a venir a explicar?” “Yo te voy a decir cuál es la verdá de la milanesa…” 

Desde hace varios años, cuando el mejor analista político de los 90 introdujo los insultos y sandeces en su discurso televisado “porque así habla la gente, boludo”, se abrió en la televisión argentina la veda que mantenía cierto decoro. El periodismo futbolístico (se lo confunde con el deportivo demasiado a menudo) no podía dejar de sentarse a la mesa escatológica sin sus cubiertos de plástico. 

Las veladas de “especialistas” que comentan los devenires del fútbol argentino fueron siendo invadidas, sin vuelta atrás, por hombres grandes que gritan. Como es muy difícil saber si el público reacciona en tiempo real a sus estertores, estos profesionales se dedican a gritarse entre sí, en prime time.

“ Cobras 100 pesos por mes, gil“ entró gritando el último comensal a la fiesta, y el escenario perfecto estaba listo para Rusia 2018.

Un sentir común es compartido entre estudiosos, estadistas y miembros del ambiente histórico del fútbol : la mitad de lo que pasa en un partido de fútbol depende del azar y sin embargo, los sabiondos satelitales analizan y elaboran leyes cósmicas indiscutibles, basadas en fenómenos que dependen de una desviación de medio grado a lo largo de un balonazo de 50 metros.

El grito, protagonista principal en esta foto simplista del deporte complejo que es el fútbol, sigue reemplazando a la reflexión. Escuchar las razones de los protagonistas es algo que podemos posponer lo que haga falta, total, a los gritos, podemos seguir difundiendo un mensaje incendiario. Por debajo del ruido, uno que llegó gritando, gritó en la línea de cal a propios y extraños y luego enmudeció, se fue silbando bajito, sin nada que contar. Estuvimos 4 años esperando para jugar 4 partidos, la realidad baja un mensaje que el grito no deja escuchar, y si no nos callamos de una vez nosotros mismos, nos miramos al espejo y asumimos que así no podemos seguir, estaremos 4 años más gritando tanto que ni nosotros sabremos qué quisimos decir.

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