Los clásicos perdidos

Los clásicos no se juegan, se ganan.

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Photo courtesy of NASA CREW(CC No Derivatives)

Una frase tan contundente como real, pues el aficionado de turno desea con todas sus fuerzas imponerse al máximo rival, al vecino, para poder caminar con el pecho henchido durante toda la semana con un arsenal de bromas en los bolsillos. Sin embargo, la evolución del fútbol ha ido devaluando una frase que cada día luce una placa un poquito más oxidada. Y es que, a día de hoy, los clásicos han dejado de jugarse dos veces al curso para sobrecargar de los mismos el calendario. Me explico.

No recuerdo, a bote pronto, un país más entregado al fútbol que Argentina. En un intento de los clubes de continuar llenando sus arcas, programan una serie de clásicos veraniegos en estadios generalmente neutrales para, según el discurso oficialista, “hacer llegar a la gente de otras ciudades la pasión de un clásico”. En otras palabras: negocio por aquí, venta de entradas por allá y entre medias, veintidós jugadores y dos técnicos expuestos a todo. Porque aunque la frase que abre este texto se esté oxidando, el hincha la lleva grabada a fuego en su interior, mucho más cuando pueden disfrutar de un partido de estas características por primera vez en mucho tiempo.

El paciente inglés

Manchester - Old Trafford - Manchester United vs Crawley Town

Photo courtesy of Andrea Sartorati(CC Attribution)

El mundo del fútbol no ha sido capaz de mantener su esencia más pura, más real. El barro de las áreas, las gambetas imposibles, los goles más espectaculares y las hinchadas más entregadas han caído entre los potentes tentáculos de la inmediatez que impera en los tiempos que corren. Chicos que apartan sus juguetes para perder la virginidad, confesiones públicas de apenas ciento cuarenta caracteres, parques vacíos en los que reina el más estremecedor de los silencios y, por supuesto, banquillos en los que hay más tensión que en la silla eléctrica de Illinois.