2. Diario de campo de un entrenador de fútbol

Trabajo de entrenador

Photo courtesy of stevendepolo(CC Attribution)

2006 – 2007 Tengo ganas de entrenar pero no puedo

Tengo ganas de seguir como entrenador iniciático, pero estaba en mi primer año de Liga Nacional Juvenil como jugador y esta temporada entrenábamos casi todos los sábados por la mañana, así que era muy difícil. Me dedico a pasar todos los ratos libres de los sábados viendo partidos en la Ciudad Deportiva, cosa que llama la atención del Coordinador y me ofrece entrenar la temporada siguiente…

Próximo capítulo: 2008 – 2009, entrenando al Infantil del club…

1. Diario de campo de un entrenador de fútbol

En todos lados puede haber un entrenador

Photo courtesy of turoczy(CC Attribution)

Si bien es fácil olvidarse de ello, la inmensa mayoría de los jugadores de fútbol profesional que nos encandilan por la tele empezaron a jugar de pequeños. Poco después de aprender a caminar, aprendemos a patear un balón. Los buenos y los malos, los gordos y los flacos, los niños y las niñas, los atléticos y los sedentarios, todos, alguna vez, nos divertimos pateando una pelota con amigos.  

Cuando algunos de esos niños comienzan ese camino de más de 10 años hasta que al fin los vemos (a una ínfima parte de ellos) en un campo profesional de fútbol, son generalmente entrenados por chicos anónimos, que hacen un gran sacrificio movidos por la pasión, por el amor al deporte y las enseñanzas que este puede transmitir.

En el fútbol vemos cosas buenas y cosas malas, cosas divertidas y cosas tristes pero, en el fondo, nos deja muchas enseñanzas que su cultura va transmitiendo a lo largo del tiempo. ¿Qué piensa y cómo llega a dedicarse a esta profesión un entrenador adolescente? La siguiente es la entrega en capítulos de las reflexiones diarias que uno de estos entrenadores ha ido volcando a lo largo de años en un diario personal. Hoy, está orillando los 30 años de edad pero vamos a empezar por sus comienzos como entrenador púber…

2004 – 2006 Inicios…

Algunos amigos de mi barrio, de mi edad (14) o unos años menos, jugaban a fútbol sala los sábados en la Liga Comarcal. Decidimos empezar a hacer dos entrenamientos semanales, ya que salíamos todos los días toda la tarde a jugar a la calle. Así, teníamos un nuevo aliciente para llenar las horas en la vieja pista de fútbol sala del barrio y en el campo de fútbol. No sé por qué, pero decidí ser el entrenador y desde el primer momento supe que me gustaba. Recuerdo que hacíamos entrenamiento los lunes y los miércoles, la hora de inicio dependía de la luz del sol. Los lunes íbamos al campo de fútbol once, estaba abierto, sin rejas ni vallas y era un lugar al cual también acudíamos mucho casi en cualquier día de la semana. Ese día, trabajábamos ‘físico’ pero siempre de manera conjunta con el balón. Me hace gracia recordar lo de ‘hoy toca físico’ pero era tal cual. Los miércoles íbamos a la pista de fútbol sala y entrenábamos situaciones más propias del juego. Podéis imaginar qué situaciones…tiros, remates de cabeza, partidos, regates… era entretenido. Los sábados jugábamos liga contra otros pueblos. Tenemos todos los amigos del barrio grandes recuerdos de estos momentos. Más adelante adjuntaré imágenes escaneadas de hojas de entrenamientos, listas de asistencias etc…incluso, recurrimos dos partidos por alineación indebida del rival. Tengo ese documento y lo pondré aquí cuando pueda. 

Próxima entrega: 2. 2006 -2007 Jugando en Juvenil Nacional y echando de menos el ser entrenador…

Oíd mortales el grito

El grito de la gaviota - Seagull scream

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Los argentinos somos exagerados. En general, gritamos. En vez de explicarnos, demostramos que tenemos la razón. En todo intercambio de opiniones, el 90% del esfuerzo será destinado a sofocar al otro con la contundencia (onanística) de nuestras ideas, y el restante 10% lo usaremos para que crea que las suyas nos interesan. Un pepino. “¿A mí me vas a venir a explicar?” “Yo te voy a decir cuál es la verdá de la milanesa…” 

Desde hace varios años, cuando el mejor analista político de los 90 introdujo los insultos y sandeces en su discurso televisado “porque así habla la gente, boludo”, se abrió en la televisión argentina la veda que mantenía cierto decoro. El periodismo futbolístico (se lo confunde con el deportivo demasiado a menudo) no podía dejar de sentarse a la mesa escatológica sin sus cubiertos de plástico. 

Las veladas de “especialistas” que comentan los devenires del fútbol argentino fueron siendo invadidas, sin vuelta atrás, por hombres grandes que gritan. Como es muy difícil saber si el público reacciona en tiempo real a sus estertores, estos profesionales se dedican a gritarse entre sí, en prime time.

“ Cobras 100 pesos por mes, gil“ entró gritando el último comensal a la fiesta, y el escenario perfecto estaba listo para Rusia 2018.

Un sentir común es compartido entre estudiosos, estadistas y miembros del ambiente histórico del fútbol : la mitad de lo que pasa en un partido de fútbol depende del azar y sin embargo, los sabiondos satelitales analizan y elaboran leyes cósmicas indiscutibles, basadas en fenómenos que dependen de una desviación de medio grado a lo largo de un balonazo de 50 metros.

El grito, protagonista principal en esta foto simplista del deporte complejo que es el fútbol, sigue reemplazando a la reflexión. Escuchar las razones de los protagonistas es algo que podemos posponer lo que haga falta, total, a los gritos, podemos seguir difundiendo un mensaje incendiario. Por debajo del ruido, uno que llegó gritando, gritó en la línea de cal a propios y extraños y luego enmudeció, se fue silbando bajito, sin nada que contar. Estuvimos 4 años esperando para jugar 4 partidos, la realidad baja un mensaje que el grito no deja escuchar, y si no nos callamos de una vez nosotros mismos, nos miramos al espejo y asumimos que así no podemos seguir, estaremos 4 años más gritando tanto que ni nosotros sabremos qué quisimos decir.

EL NUEVE Y LA NEUROSIS OBSESIVA

Han pasado ochenta y cinco minutos de partido. El equipo no ha generado nada dentro de la cancha, solo fuera de ella: el amperímetro de la masa popular expone una intensidad inusitada. Sin goles, sin jugadas, sin señales de vida sobre el césped, que de verde ya nada tiene. De pronto, se paraliza el tiempo: una gambeta, un pase y la corrida de un delantero. Se quita a uno de los centrales de encima, luego otro y finalmente queda cara a cara con el arquero. Se levantan los espectadores de sus tibios asientos, tensan sus extremidades aguardando el instante preciso para el primer grito desaforado de la noche. Remate fuerte. Guardameta firme y duelo ganado. Lamentos, murmullos, insultos al artillero de turno y un manto de silencio sepulcral invaden nuevamente el estadio. Otro nueve acaba de cavar su propia tumba en la Selección.

La imagen se repite cual cuadro en la sala de estar. O como película en los canales del cable común. Un nueve, una ilusión inicial y una desilusión rotunda cuando hacemos caer el telón. La misma secuencia de siempre. El problema parece radicar ahí: dejamos que el espectáculo acabe demasiado pronto porque no soportamos seguir viéndolo. Hay un culpable, debe ser señalado y fin de la historia. No deja de ser paradójico que solicitemos a gritos el final de la agonía siendo tan increíblemente fanáticos del morbo. Cada gol errado es un reforzador negativo y un nuevo mazazo a la esperanza de salir adelante. Pero atribuimos causas erradas a las consecuencias conocidas. Preferimos descartar delanteros como si valieran menos que nada, siempre hay otro para elegir. No hay tiempo para reflexionar: pulgar abajo y chances para otro potencial salvador. El problema siempre es el nueve de turno.

Como la justicia en el fútbol existe a cuentagotas, el tiempo apremia y las oportunidades son contadas, los villanos ganan en reiteradas ocasiones. Cada jugador tiene una disyuntiva interna que se traduce en sus rendimientos, buenos y malos. Si bien hay momentos heroicos, el ser humano tiende a recordar los peores. Y así la Selección tritura uno a uno a cada delantero que viste la camiseta intentando cambiar la historia. Burlarse del señalado centra todos los focos en aquel lugar. Son el centro de la escena. Lo verdaderamente fundamental pasa a ser periférico, rodea una y otra vez a cada nuevo chivo expiatorio. Pero negamos o creemos desconocer la influencia real y la ocultamos en el inconsciente.

Al margen del proyecto y la paciencia, el problema pasa a ser neurológico: el síntoma de la inmediatez asociado a la locura crea sujetos ansiosos que terminan trasladando toda esa carga negativa al césped. La mochila de los jugadores se hace día a día más pesada, repleta de estímulos externos cargados de negatividad. La suma de factores lleva al bloqueo del delantero y del equipo, indisolublemente asociados. Más allá de aquellos chispazos mágicos de un salvador, el colectivo no puede evitar nublarse. No hay hermetismo que salve.

Marcelo Bielsa, el loco de Lille

Muchas veces oímos críticas a distintos entrenadores , ya sea por sus decisiones, o por lo que dicen. Pero hay uno (entre tantos) que se destaca, que no le preocupa lo que digan, Marcelo Bielsa se mantiene firme a sus principios, desde aquel 1982 cuando comenzó en las inferiores de Newell´s Old Boys hasta hoy, que se encuentra dirigiendo al Lille de Francia.

Algunos de los cuestionamientos más comunes que recibe Marcelo son: “que nunca toma grandes equipos, o de renombre internacional”; “que no ganó nada” y claro, que sus decisiones siempre son erróneas, que “está loco”. Una de las anécdotas más famosas, que caracterizan al argentino es cuando tomó su Fiat 147 (destruido, por cierto), una libreta y un mapa del país dividido en 70 regiones, recorrió 8000 kilómetros a lo largo y ancho del país en su auto, buscando jugadores, futuras estrellas. Así como esta, muchas más son las historias por las cuales se ganó el apodo que tanto lo caracteriza.

Bielsa llegó a LOSC a fines de agosto, formando parte de un nuevo proyecto en el club, el cual se llama #LOSCUnlimited y está conformado por: Gérard Lopez, como presidente del club, Marc Ingla, director general de LOSC, y Luis Campos, el director deportivo. El nuevo presidente adquirió el 95% de las acciones del club a fines del mes de enero del presente año, y comenzó este proyecto que tanto promete. Esta comisión se encuentra muy con la llegada de Marcelo, como varias veces lo han comunicado.

“Si el fútbol fuera una iglesia, él sería el cura perfecto” Gérard Lopez

Incluso cuando se le preguntó “si lo mejor que había hecho desde su debut como presidente había sido la incorporación de Bielsa” a lo que contestó negativo, diciendo “que lo mejor que había hecho era conformar el equipo de trabajo que tienen (con Marc Ingla, Gérard Lopez, Luis Campos, y Marcelo Bielsa)”.

Marc Ingla, Marcelo Bielsa, Gérard Lopez, Luis Campos

Photo courtesy of Clarin

Cuando “El loco” llegó a Francia, lo primero que pidió fue realizar pretemporada en Luchin, el campo de entrenamiento de Lille (a diferencia de otros entrenadores que viajan a otras partes del mundo, como Estados Unidos), por lo que debió remodelarse a sus necesidades. Para ser hoy uno de los mejores de Francia, además solicitó habitaciones para los jugadores, así los mismos podían descansar en el lugar. 

Y como Marcelo dijo en la presentación en el Estadio Pierre-Mauroy

“Muy dificil imaginar mejores condiciones de las que nos ofrecen”

Independiente: de América al Mundo – Parte 1

Independiente

El equipo de Avellaneda vive una época de sanación de heridas, de reanimación; tras soportar y salir del infierno y catástrofe deportiva que significa para un grande descender a la B Nacional, busca volver al privilegiado olimpo de los gigantes. Sin embargo, pase lo que pase, es casi imposible que los años venideros sean tan fructíferos como los detallados a continuación. Si el club argentino es hoy el máximo ganador de la Copa Libertadores de América y uno de los más reconocidos clubes a nivel mundial, es debido a la importancia que adquirió en esa época tan exitosa, consiguiendo todos los títulos posibles ante rivales tan diversos como sorprendentes.

Si bien el equipo ya estaba llamado a ser un grande por sus actuaciones en las competencias nacionales, fue a partir de la década de 1950 que Independiente empezó a ganarse un lugar entre los importantes. El motivo principal fue que el club logró juntar una delantera que podría compararse con la que integraba la famosa ”Maquina” riverplatense de los años 40; Micheli, Cecconato, Lacasia, Grillo y Cruz fueron una combinación de habilidad, potencia, velocidad e inteligencia que encabezaba un 2-3-5 clásico y muy poderoso. Como era lógico de esperar, los resultados fueron maravillosos; en una gira europea, Independiente logró un 6-0 completamente sorpresivo frente a 60.000 hinchas ante uno de los equipos de la época, que luego ganaría consecutivamente cinco Copas de Europa, el Real Madrid de Alfredo Di Stefano. Lo más increíble es que, aparte de dar alegrías a su club, la delantera completa formó parte de la Selección Argentina, en el año 1953, cosechando con ésta dos victorias muy importantes; una contra España y otra muy recordada contra un seleccionado inglés (aunque muchos crean que era la selección inglesa, lo cierto es que era un combinado casi sin ningún titular), donde Grillo fue figura en El Monumental, convirtiendo 2 goles. Aunque parezca mentira, el Rojo no logró ganar ningún torneo en esa década y además, Racing consiguió empatarle en cantidad de victorias en el historial. Hace varios años, en el 2000 para ser exactos, algunos que conformaron ese famoso equipo goleador, se reunieron para encontrar las causas del fracaso. ”Nos conformábamos con pelear arriba”, coincidieron. Cruz explicó que ”Para salir campeones, había que tener un plantel grande, como River. Los dirigentes no reforzaban el plantel y se terminaba recurriendo siempre a inferiores”. Lo cierto es que a pesar de no conseguir campeonatos, dejaron bien clara la manera en la que debían jugar sus sucesores; al ataque, con espectáculo y de forma endiablada. La década siguiente inició de otra manera; con una generación repleta de nuevos jugadores como Rolán, Silveira y el gran creador por derecha, Douksas, Independiente se consagró en el Torneo AFA de 1960 con 41 puntos, por encima de River y Argentinos, ambos como escoltas con 39. Así, tuvieron la oportunidad de disputar la Copa Libertadores del año siguiente, que por cierto, se creó el mismo año en que Independiente triunfó en Argentina. El sueño duró poco; derrotas de local y de visitante contra Palmeiras opacaron el deseo de obtener una copa continental que adquiriría rápidamente importancia. A pesar de tener actuaciones destacadas en los siguientes dos campeonatos, no fueron suficientes para obtener el torneo local y conseguir el pase a la Libertadores. Pero en 1963, con el debut de jóvenes de inferiores como Miguel Ángel Santoro, portero considerado como el mejor de la historia del club junto a Fernando Bello y de Raúl Bernao, wing derecho exquisito de calidad mágica e impredecible en todo momento, Independiente volvió a ganar el título nacional, sellando su segunda clasificación a la Copa Campeones de América, como era llamada en ese momento. Al plantel, que tenía una calidad impresionante, tan solo le faltaba la mística, traída por Manuel Giudice y la preparación física, a cargo de Horacio García. De ésta forma, se creó un equipo de maravillosa condición táctico-técnico-físico-psicológica que quedó encuadrado en un grupo con Millonarios y Alianza Lima. Humilló a sus dos rivales en la Doble Visera (antiguo estadio de Independiente) y terminó la fase de grupos sin disputar un solo encuentro de visitante: contra Millonarios, por problemas entre la CONMEBOL y la Federación Colombiana, se le cedieron los puntos al Rojo, mientras que contra Alianza Lima, el encuentro debió disputarse en Avellaneda por serios problemas en el partido que jugaron Argentina y Perú días antes. La semifinal tuvo gustito a final; el Santos de Pelé, que se había consagrado bicampeón en el certamen anterior, fue el rival a batir. Independiente salió decidido a conquistar su primer trofeo a nivel continental. El partido en el Maracaná fue único e irrepetible; el conjunto argentino perdía por 2-0 y terminó dándolo vuelta, ganando 3-2, con goles del tridente ofensivo; el ya mencionado Bernao, Luis Ernesto Suárez y Mario Rodriguez, goleador de la Copa. En su casa, más tranquilo tras la impresionante victoria en tierras brasileras, sentenció la llave de forma definitiva; 2-1 con goles de Mori y Rodríguez. Independiente se encontraba en su primera final continental, donde esperaba otro equipo que deseaba su primera Libertadores; el Nacional de Uruguay. Empate sin goles en Montevideo y todo a definir en la Doble Visera donde un gol de ‘’Mariulo’’ Rodríguez coronó a Independiente, en su casa, ante 80000 personas, que vieron como su equipo se catapultaba a la Intercontinental, es decir, al reconocimiento tanto en América como en el Mundo. El objetivo era evidente pero no era nada sencillo; el Rojo debía enfrentarse al mejor Inter de todos los tiempos, el de Helenio Herrera, un argentino experto de la táctica e inventor de un ‘’renovado’’ Catenaccio, donde un lateral izquierdo pasaba constantemente al ataque y en el cuál se trataba de llegar al área rival ‘’en 3 toques’’. La cosa no inició tan mal como cabría esperar; logró la ventaja en casa con un gol de Rodríguez, uno de los refuerzos que más rindieron en toda la historia del Rojo. En el San Siro, la localía volvió a valer y el equipo italiano se llevó el triunfo con un tanto de Mazzola y otro de Corso. Debía disputarse un desempate. Sin equipos locales, ésta vez el encuentro se disputó en el estadio del primer campeón Intercontinental, el Santiago Bernabeu. Un tardío gol de Mario Corso consagró al Inter y dejó el sabor agridulce en el equipo argentino, que había transpirado hasta la última gota para llevarse la Copa más importante a nivel clubes. Un dato a destacar es que el Rojo convirtió por medio de Raúl Bernao un gol válido que fue anulado por offside. En fin, Independiente no consiguió acceder al Olimpo de los Grandes, donde tenía reservado un lugar que era cuestión de tiempo que tomara.

Otro ladrillo en la pared

Es difícil romper el manual minimalista al que suele acudir el inconsciente colectivo a la hora de hablar de fútbol. No entra en cualquier cabeza la idea de que este juego es un todo y que el contexto es un modificador directo que incide en cualquier decisión que toma un jugador. La sintonía colectiva de un equipo se agarra fuerte de la mano de la identidad. Si ésta última es clara, el funcionamiento del equipo en cuestión cuenta con más estímulos para ser firme. Pero si la identidad es endeble (o nula), es muy complicado que esas once personas disfrazadas de engranajes logren transformar sus intenciones en un modelo en el cual creer. Jugar bajo lo que dicta una convicción es fundamental para que nazca el carácter de un equipo, eliminar complejos y encontrar libertad. En Argentina nos hemos olvidado de ese ideal hace años y eso es lo que debe corregir el cuerpo técnico de Sampaoli.

Luego de ponerse la camiseta de la Selección y antes de salir a la cancha, los jugadores se calzan una mochila pesada, como si fuesen chicos que parten hacia a la escuela. Pero el peso de esa mochila no corresponde a libros de historia ni de lengua: tiene su equivalente en finales perdidas. Esa etiqueta sentenciadora que los identifica como los que perdieron tres objetivos consecutivos funciona como la principal excusa con la que cuentan el periodismo y la opinión pública para continuar con el proceso de desculturización del fútbol. Desde la inimputabilidad autoasignada (un condimento), se llevan las críticas cada vez más lejos del plano futbolístico bajo el lema de que lo único que importa es ganar y se deja de lado la búsqueda de la única característica excluyente: la identidad. Desde hace años Argentina es un grupo de talentos que deambula por el césped y carece de ideas que hagan relucir las condiciones de sus herramientas, pero la diferencia es que hoy cuenta con un grupo de personas encabezando un proyecto ambicioso, con la intención de florear el juego y de subsanar la mentalidad del equipo.

Nos creemos más de lo que somos. Pensamos que por tener a Messi y por haber ganado dos Copas del Mundo le vamos a ganar por orden divino a cualquiera. Sampaoli sabe que estamos equivocados. Sabe que para ganar un campeonato no basta solo con el talento de los intérpretes. Hace falta resistir en el tiempo. Y para perdurar, hace falta identificarse con una idea y defenderla con total convicción. Incluso ante la adversidad. Pero Sampaoli no heredó nada del “ganar como sea”. Debe construir su fútbol en un contexto donde al tiempo se lo considera una amenaza y no una herramienta y donde el deseo de lo inmediato presiona. Todo eso se vió en el partido ante Venezuela. Tras 30 minutos de un juego cercano a lo que el cuerpo técnico consideraría la excelencia, la falta del gol sembró la ansiedad y comenzaron a aparecer las obstrucciones en las cabezas de los jugadores. Venezuela golpeó en la primera llegada que generó y pese a que el empate fue instantáneo, ya no se percibía la armonía inicial que habían mostrado los argentinos. Todo termino en empate y las tribunas del Monumental se deshicieron en silbidos. Otro ladrillo en la pared que encierra a la Selección, colocado por nosotros mismos. Los de afuera.

La gloria del pirata – Belgrano 2 Racing 0

Belgrano derrotó 2 a 0 a Racing ayer haciendo de local en la cancha de Instituto. Bajo una hermosa tarde soleada cordobesa el pirata logró un importante triunfo tras diez meses sin ganar como local. Por esas cosas que tiene el fútbol, no rompió la racha en su estadio, sino que lo hizo en el de La Gloria.

El comienzo favoreció a La Academia, que salió a la cancha con su ya clásico 4-4-2. Hasta los últimos diez minutos el conjunto de Cocca dominó el desarrollo del primer tiempo. Con presión alta y la defensa en la mitad de la cancha, fue comprimiendo a Belgrano achicando los espacios hacia adelante, de la misma forma que había maniatado a Lanús la semana pasada. El juego estuvo bien volcado sobre el sector izquierdo del ataque con Acuña y Bou. La pantera y Lautaro Martínez fueron los protagonistas de esta parte del partido, de hecho Lautaro podría haber abierto el marcador en tres ocasiones, la última en el minuto 31 tirando un sombrero de primera y definiendo al lado del palo. En los últimos diez, mejoró Belgrano que también tuvo ocasiones claras para marcar. Apenas comenzado el segundo tiempo, Melano le ganó en velocidad a Insúa y tiró un centro atrás que Velázquez mandó al fondo de la red con un zurdazo de aire que se clavó contra el palo izquierdo de Orión. A partir de ahí el partido se inclinó para el lado del conjunto cordobés, que controló la segunda parte y liquidó el pleito al llegar al Belgrano 2 Racing 0 en el minuto 82 con gol de Márquez. 

Velazquez Belgrano 2 Racing 0