1. Diario de campo de un entrenador de fútbol

En todos lados puede haber un entrenador

Photo courtesy of turoczy(CC Attribution)

Si bien es fácil olvidarse de ello, la inmensa mayoría de los jugadores de fútbol profesional que nos encandilan por la tele empezaron a jugar de pequeños. Poco después de aprender a caminar, aprendemos a patear un balón. Los buenos y los malos, los gordos y los flacos, los niños y las niñas, los atléticos y los sedentarios, todos, alguna vez, nos divertimos pateando una pelota con amigos.  

Cuando algunos de esos niños comienzan ese camino de más de 10 años hasta que al fin los vemos (a una ínfima parte de ellos) en un campo profesional de fútbol, son generalmente entrenados por chicos anónimos, que hacen un gran sacrificio movidos por la pasión, por el amor al deporte y las enseñanzas que este puede transmitir.

En el fútbol vemos cosas buenas y cosas malas, cosas divertidas y cosas tristes pero, en el fondo, nos deja muchas enseñanzas que su cultura va transmitiendo a lo largo del tiempo. ¿Qué piensa y cómo llega a dedicarse a esta profesión un entrenador adolescente? La siguiente es la entrega en capítulos de las reflexiones diarias que uno de estos entrenadores ha ido volcando a lo largo de años en un diario personal. Hoy, está orillando los 30 años de edad pero vamos a empezar por sus comienzos como entrenador púber…

2004 – 2006 Inicios…

Algunos amigos de mi barrio, de mi edad (14) o unos años menos, jugaban a fútbol sala los sábados en la Liga Comarcal. Decidimos empezar a hacer dos entrenamientos semanales, ya que salíamos todos los días toda la tarde a jugar a la calle. Así, teníamos un nuevo aliciente para llenar las horas en la vieja pista de fútbol sala del barrio y en el campo de fútbol. No sé por qué, pero decidí ser el entrenador y desde el primer momento supe que me gustaba. Recuerdo que hacíamos entrenamiento los lunes y los miércoles, la hora de inicio dependía de la luz del sol. Los lunes íbamos al campo de fútbol once, estaba abierto, sin rejas ni vallas y era un lugar al cual también acudíamos mucho casi en cualquier día de la semana. Ese día, trabajábamos ‘físico’ pero siempre de manera conjunta con el balón. Me hace gracia recordar lo de ‘hoy toca físico’ pero era tal cual. Los miércoles íbamos a la pista de fútbol sala y entrenábamos situaciones más propias del juego. Podéis imaginar qué situaciones…tiros, remates de cabeza, partidos, regates… era entretenido. Los sábados jugábamos liga contra otros pueblos. Tenemos todos los amigos del barrio grandes recuerdos de estos momentos. Más adelante adjuntaré imágenes escaneadas de hojas de entrenamientos, listas de asistencias etc…incluso, recurrimos dos partidos por alineación indebida del rival. Tengo ese documento y lo pondré aquí cuando pueda. 

Próxima entrega: 2. 2006 -2007 Jugando en Juvenil Nacional y echando de menos el ser entrenador…

Verde como el césped del parque

N. de R: Jorge Caraballo (@caraballo14), además de ser fanático de Independiente de Avellaneda siendo un Español de Zaragoza que jamás ha pisado la Argentina, tiene menos de 30 años y ya lleva más de la mitad de su vida trabajando de entrenador. En este artículo nos recuerda que los niños, sobre todo juegan juegos.

El otro día, caminando por el césped tras entrenar, me di cuenta de lo verde de dicho césped. Mientras de fondo escuchaba a unos niños jugando a la pelota, este color me recordó al césped del parque. 

Un verde alegría, verde esperanza, y pensé que a veces los formadores tomamos caminos equivocados. Si pudiéramos, haríamos el césped de colores para nuestros subprincipios tácticos y todas esas cosas, pero yo, en ese momento, al recordar en mi infancia el verde del parque sólo me vino a la cabeza el jugar por jugar, jugar a jugar. 

¿Eres un millennial futbolístico?

El arma del millennial futbolístico

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¿Eres un millennial futbolístico*? ¿Eres capaz de mirarte al espejo y responder con sinceridad a esta encuesta para revelar tu verdadero perfil de opinador sobre el deporte más popular del mundo?

*Un millennial futbolístico es alguien que desde el sofá de su casa es capaz de dar lecciones sobre estrategia a Pep Guardiola y consejos sobre manejo de grupos a Cesar Luis Menotti, y exigir un tono más aguerrido a Guillermo Barros Schelotto (todo a la vez y en diferentes foros)

Responde a las siguientes preguntas y te daremos un diagnóstico al final:

Messi, seleccion argentina, la paradoja del agujero negro

Messi es el agujero negro de la seleccion argentina

Photo courtesy of JamesBond0071(CC ShareALike)

A Jorge Sampaoli se lo ha acusado de dar demasiados bandazos, de no haber respetado sus ideas, de no haber puesto en el campo de juego un equipo que expresase el concepto de fútbol que sabemos que tiene.

Si valorásemos los síntomas, lo que meramente se ve (desde el sofá de casa todo es mucho más explicable, la tiranía del mando a distancia es impune), qué podemos deducir? Diría que si bien es evidente que Sampaoli no ha logrado resolver el dilema de contar con el mejor jugador del mundo (y tal vez de la historia) y aprovechar sus capacidades al máximo en sus escasos meses al frente de la seleccion argentina, permítanme decir que tampoco lo ha logrado ninguno de sus antecesores. Entonces, en vez de pedir la cabeza del entrenador, por qué no reflexionar sobre qué puede haber pasado, y sigue pasando, para que un grupo de entrenadores de máximo nivel encuentren siempre el mismo obstáculo.

Contar con Lionel Messi en un equipo de fútbol es el primer factor necesario para anular gran parte de la sorpresa: propios y extraños, rivales y compañeros, ponen freno a su iniciativa (para atacar o defender) sabiendo que, al final… todo va a pasar por Messi. Jugar contra la seleccion argentina con Messi es para los rivales como jugar a las cartas en una mesa donde el que tiene el Poker de Ases en vez de ocultarlo, lo exhibe boca arriba sin pudor. De forma casi automática, se anulan multitud de opciones. Un compañero de Messi piensa, “para qué voy a desmarcarme como un animal, si mi compañero que va con la pelota por el otro lado no me ve… o si me ve, en realidad está esperando a ver qué hace Messi para canalizar el juego por ahí”. Otro, ve que los rivales lo marcan pero como al tanteo, y medita “podría usar estos 3 metros de ventaja que me dio el que me marca pero, para qué? Si tanto mi marcador como yo estamos esperando a ver qué hace Messi? Si amago desmarcarme NO ME HACEN NI CASO, no puedo engañar a nadie. Para ser más amenazante que Messi tendría que estar parado a 1 metro de la línea de gol, abajo del arco, sin estar en offside, libre de marca y en línea de pase de Messi (sí, de Messi, porque si la pelota la tiene Higuaín, el Kun u otro atacante ya sabemos que todos estaremos esperando a ver cuándo se la dan a… Messi).

Excel: analizador de goles de y para el entrenador de futbol

Hoy vamos a compartir una herramienta muy sencilla y útil a la vez para el entrenador de futbol, que te permitirá analizar mejor tanto los goles convertidos como los recibidos por los equipos que entrenes. Con esta herramienta, sin necesidad de depender de servicios avanzados y afamados tendrás el “hágalo usted mismo” de la estadística goleadora!

Todo esto nace del conocimiento de la competición para llevarlo al campo de entrenamiento. De un tiempo a esta parte cada vez conocemos mucho más las demandas de la competición sobre el jugador, conocemos las distancias recorridas, conocemos los VO2 que se dan, conocemos las FC, aceleraciones, frenadas, metros a sprint, conocemos cuantas veces interviene con el móvil un jugador, cuando tiempo dispone de él, cuantas veces pasa o controla el balón, etc. Todas estas variables son las que la competición puede demandar al jugador, la relación es COMPETICIÓN-JUGADOR.

En el mismo prisma, y con cada vez más aceptación, se están estudiando las demandas de la competición para la transferencia a los campos de entrenamiento desde el punto de vista más táctico, cada vez se usa más ese “maldito modelo de juego” del que, personalmente, cada vez estoy más alejado, tipos de ataque, de qué manera transita el equipo, etc. 

pero quizá nos estamos dejando en la recámara algo importante. ¿Qué es lo que más eco tiene en el juego? ¿Qué es lo más importante del juego? ¿Cuál es el mayor premio del juego? Quizá estas preguntas puedan tener multitud de respuesta, pero el común denominador de todas es uno: EL GOL.

Oíd mortales el grito

El grito de la gaviota - Seagull scream

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Los argentinos somos exagerados. En general, gritamos. En vez de explicarnos, demostramos que tenemos la razón. En todo intercambio de opiniones, el 90% del esfuerzo será destinado a sofocar al otro con la contundencia (onanística) de nuestras ideas, y el restante 10% lo usaremos para que crea que las suyas nos interesan. Un pepino. “¿A mí me vas a venir a explicar?” “Yo te voy a decir cuál es la verdá de la milanesa…” 

Desde hace varios años, cuando el mejor analista político de los 90 introdujo los insultos y sandeces en su discurso televisado “porque así habla la gente, boludo”, se abrió en la televisión argentina la veda que mantenía cierto decoro. El periodismo futbolístico (se lo confunde con el deportivo demasiado a menudo) no podía dejar de sentarse a la mesa escatológica sin sus cubiertos de plástico. 

Las veladas de “especialistas” que comentan los devenires del fútbol argentino fueron siendo invadidas, sin vuelta atrás, por hombres grandes que gritan. Como es muy difícil saber si el público reacciona en tiempo real a sus estertores, estos profesionales se dedican a gritarse entre sí, en prime time.

“ Cobras 100 pesos por mes, gil“ entró gritando el último comensal a la fiesta, y el escenario perfecto estaba listo para Rusia 2018.

Un sentir común es compartido entre estudiosos, estadistas y miembros del ambiente histórico del fútbol : la mitad de lo que pasa en un partido de fútbol depende del azar y sin embargo, los sabiondos satelitales analizan y elaboran leyes cósmicas indiscutibles, basadas en fenómenos que dependen de una desviación de medio grado a lo largo de un balonazo de 50 metros.

El grito, protagonista principal en esta foto simplista del deporte complejo que es el fútbol, sigue reemplazando a la reflexión. Escuchar las razones de los protagonistas es algo que podemos posponer lo que haga falta, total, a los gritos, podemos seguir difundiendo un mensaje incendiario. Por debajo del ruido, uno que llegó gritando, gritó en la línea de cal a propios y extraños y luego enmudeció, se fue silbando bajito, sin nada que contar. Estuvimos 4 años esperando para jugar 4 partidos, la realidad baja un mensaje que el grito no deja escuchar, y si no nos callamos de una vez nosotros mismos, nos miramos al espejo y asumimos que así no podemos seguir, estaremos 4 años más gritando tanto que ni nosotros sabremos qué quisimos decir.

Roberto Baggio, “Il Divino Codino”

Baggio

Roberto Baggio, “Il Divino Codino” o simplemente Roby Baggio, es tal vez el mejor jugador italiano de todos los tiempos. De aquel Baggio “maradoneano” de sus inicios en Vicenza y Fiorentina al jugador mas cerebral y posicional del final de su carrera en Brescia, pasando por los tres grandes del fútbol italiano y por Bologna, Roby fue amado por el futbolero en general y por los italianos en particular. Dueño de una gambeta, control del balón y pegada sin igual, Baggio logró convertirse en el mejor jugador del mundo a principios de la década del 90, coronando con la obtención del balón de oro y la Copa UEFA en 1993 jugando para Juventus, club con el que además ganaría la Copa Italia y el Scudetto en 1995. Otro Scudetto en 1996 ya jugando para el Milan, será su ultimo titulo como profesional.

Con la selección nacional anotó 27 goles en 56 partidos y disputó 3 mundiales. Con grandes actuaciones de octavos de final en adelante, lideró a la Azzurra a la final del mundial 94, marcando 5 goles en tres partidos consecutivos, ante Nigeria, España y Bulgaria. En la final ante Brasil llegaría el momento mas triste e injusto de su carrera. Le tocó errar el penal que le daría el título al conjunto verdeamarelo que tenia a Romario como figura. 

El futbol ha sido injusto infinidad de veces en la historia y Roberto Baggio tal vez sea uno de esos casos. Hablamos de un jugador brillante, tal vez el mejor jugador italiano de todos los tiempos como dijimos antes. Sus títulos no se corresponden con el tremendo jugador que fue. Hizo mas de 300 goles a lo largo de su carrera. Nadie olvidará sus arranques maradoneanos en Vicenza, Fiorentina y Juventus. Mucho menos olvidaremos su hermoso final de carrera en Brescia como un jugador cerebral, compartiendo cancha por momentos con un joven Andrea Pirlo y un veterano Pep Guardiola.

Roberto Baggio fue el ídolo popular mas grande que tuvieron los italianos por lejos, despertaba locura y pasión. El corazón de los tifosi latía al ritmo de las gambetas de Il Divino. El clamor popular no logró que Trapattoni lo convoque para el mundial del 2002, aunque un Baggio maduro desplegaba magia como en sus mejores momentos. 

Amado y respetado por todos, se retiró en 2004 en un San Siro colmado que se rompió las manos para ovacionarlo. 

Desde Centrojás le hacemos este homenaje y dejamos para que disfruten, un video con sus mejores goles y jugadas y otro que repasa su carrera.

“¿Mamá, papá, qué estáis haciendo?” La carta del CD Leganés a los padres del fútbol

Muchas veces quienes hemos asistido a canchas a ver fútbol infantil nos sorprendemos por la brutalidad de los padres del fútbol, quienes aparentemente deben actuar como adultos responsables, pero a la hora de ver a su hijo entrar al campo de juego, se transforman. Todos a su alrededor pasan a ser rivales o enemigos. El padre del compañero de su hijo, el padre del adversario, el árbitro, el entrenador, todos son peores que su pequeño.

Generalmente esto sucede porque quieren que su hijo triunfe en el fútbol, que llegue muy lejos y gane millones, pero ¿qué piensa el niño que está jugando? Intenta concentrarse en patear el balón para donde el entrenador le diga, en jugar con sus compañeros de equipo, en divertirse… hasta que desde fuera comienzan los gritos…¿qué pasó? ¿Alguien pelea? ¿Como puede reaccionar un niño cuando ve a su padre en las gradas agarrado del cuello con otro hombre que ni siquiera conoce? ¿Qué piensa el chico cuando el padre insulta a su entrenador, o a su mejor compañero, solo porque fue reemplazado por él? Si el niño no se preocupó por eso, ¿por qué el padre debe hacerlo?

 El Léganes publicó una carta que colocó en las entradas al Estadio Anexo Jesús Pol haciendo hincapié en el buen comportamiento y el esfuerzo. Esta carta que se ha vuelto viral, hablando desde el lado de un niño que sufre esta situación. A continuación el escrito del club:

“¿Mamá, papá, qué estáis haciendo?

No sé cómo decíroslo. Seguramente pensáis que lo estáis haciendo por mi bien, pero no puedo evitar sentirme raro, molesto, mal.

Me regalasteis una pelota cuando apenas empezaba a andar. Aún no iba a la escuela cuando me apuntasteis en el equipo. Me gusta entrenar durante la semana, bromear con los compañeros y jugar el domingo como lo hacen las estrellas. Pero cuando vais a los partidos… no sé. Ya no es cómo antes.

Ahora no me dais una palmada cuando termina, ni me invitáis a tomar algo. Vais a la grada pensando que todos sois enemigos, insultáis a los árbitros, a los entrenadores, a los jugadores, a otros padres… ¿Por qué cambiasteis?

Creo que sufrís y no lo entiendo. Me repetís que soy el mejor, que los demás no valen nada a mi lado, que quién diga lo contrario se equivoca, que solo vale ganar. Ese entrenador al que llamasteis inepto, es mi amigo, el que enseñó a divertirme jugando. El chico que el otro día salió en mi puesto, ¿os acordáis? Sí, aquel que estuvisteis toda la tarde criticando porque “no sirve para llevarme el portabotas”. Ese chico va a mi clase. Cuando lo vi el lunes me dio vergüenza.

No quiero decepcionaros. A veces pienso que no tengo suficiente calidad. Que no llegaré a ser profesional y a ganar millones como queréis. Me agobiáis. Hasta he llegado a pensar en dejar de jugar. Pero ¡me gusta tanto el fútbol! Por favor, no me obliguéis a deciros que no vengáis más a verme”.

El encargado de las divisiones inferiores del club y además quien tuvo la idea de esta carta, Jorge Broto, habló con AS y algo de lo que dijo fue “El comportamiento de algunos padres contra los árbitros y contra los propios entrenadores es un problema muy gordo. No hablo del Leganés, sino del fútbol en general. Queda mucho trabajo por hacer”. 

Photo courtesy of Tw: @Blanquivioletas

Además con respecto a estos ataques de ira de los padres dijo “A algunos padres sólo les dura 10 minutos. A otros, todo el partido. En todo caso hemos notado como algunos padres se han relajado. Jamás hemos tenido problemas salvo casos aislados, pero el comportamiento ha mejorado algo más desde que colgamos la carta”

De Roger Federer a Leo Messi: mentes que engañan a sus propios cuerpos.

“Roger Federer deja la cabeza quieta mirando el punto de impacto. La raqueta silba como un látigo de carbono. La bola no impacta ni un milímetro arriba ni un micrón debajo del punto exacto. Letal. Roger sigue mirando el mismo espacio vacío unas décimas después. La pelota ya cruza la red, el rival se desespera para posicionarse donde ese talento descomunal le obligue, incómodo. A todo esto, Roger ha mirado siempre el mismo punto. Nada de su gesto ha insinuado la intención. El cerebro va tan deprisa que engaña hasta a su propio cuerpo. Roger sabe lo que está por hacer, su cuerpo simplemente lo hace, no lo anuncia. El tiro podrá ir a cualquier punto del campo rival, de derecha, de revés o de volea, pero Federer no ayuda con el gesto a anticiparse. Los golpes de Federer tienen un antes y un después (cuando ya es peligrosamente tarde). No tienen durante, eso es para gente normal. 

Enttäuschter Messi nach der Niederlage

Photo courtesy of quapan(CC Attribution)

Messi camina. No corre desesperado levantando los brazos como quien remonta un barrilete sin cordel. Anda. Repta. Se queda soldado a la línea de cal derecha. Mientras, todo el equipo, más los 11 del rival y hasta la cámara que cuelga como un drone sin hélices, se arremolinan del otro lado. Existe la línea, Messi, un espacio de Messi y los demás. Messi no mira el partido. Permanentemente mueve la cabeza escaneando las posiciones de los rivales: si están muy cerca, camina hasta que se vayan. Si están muy lejos camina hasta que le den la pelota sus compañeros. Ahora está como si necesitase intercambiar unas palabras con una hormiguita que no se atreve a cruzar la raya de cal. La hormiga lo mira, Messi le sonríe, y el bullicio del partido vuelve a acercarse, a los tumbos, hacia la hormiga y su amigo. “Subíte a mi pie, que yo te cruzo. Eso sí, al derecho, que no quiero descalibrarme el bisturí”. Messi mira a Iniesta gesticulando como si este le hubiese contado que mañana tiene que llevar el coche a lavar. “Mirá vo”, piensa Messi, “viene la pelota”. Messi no corre al espacio, no pica, no se desmarca. Espera, más bien, que el Universo le pierda la marca en un desliz. Aguarda que, dentro de las posibilidades de ese momento y ese partido de fútbol, los pobres tipos que están pensando en él desde hace 1 semana, dejen un centímetro cuadrado a su favor, a la intemperie. Messi no fabrica el espacio. Lo posee. No está ansioso por demostrar nada. No pone. Piensa en que mañana tiene que ir a comprar comida para el perro y teme olvidarse, porque 99000 personas están pendientes de él y lo distraen. Messi sigue caminando. Sus compañeros satelizan , orbitan, calesitean, basculan, se la dan, se la prestan. Messi esmerila el cuero. No da un pase. Da EL pase. Messi es capaz de repetir hasta el hartazgo un movimiento decisivo. La defensa rival sufre de una enfermedad terminal con período de incubación de 90 minutos y final inevitable, todas las semanas. De repente, el pánico en la cara de los 2 centrales: es la señal. El estallido de los flashes detrás del arco lo confirma. Llegó el momento. Acelera, corre. Se va, se disuelve. Se agiganta, invisible. Podría frenar, hacer un enganche que dejase al mundo a contrapié, congelarse, pero no.  En 3 segundos, Messi le sacó 3 segundos de ventaja a la historia de la humanidad. Son suficientes. Descerraja. Ejecuta. Ace.

La sangre de Cataluña y la homilía de Piqué

“respeten mi opinión, sentémonos a hablar, acortemos las distancias… Todo se resume en que somos personas con diferentes pensamientos”.

Imaginate que un grupo de 40 o 50 personas ordenadas bajo el dominio de la furia se tomasen el trabajo de agruparse cerca del sanatorio donde trabaja un médico. Imaginate que, en las últimas horas, este médico haya expresado su deseo personal con respecto a alguna determinación a nivel político nacional. Imaginate que esta turba se aglutinara para escupir sobre él difamaciones con todos los condimentos: cánticos coordinados, insultos, silbatinas… Suena ilógico y poco probable. ¿Y si en lugar de un médico suponemos que el individuo afectado por el tumulto de intolerantes fuera un mecánico, y el marco de los hechos es la vereda de su taller?

Tampoco sería una situación semejante a la realidad. Porque por estos días podemos afirmar que, convencionalmente, la raza humana ya adoptó la idea de que perseguir a quien piensa distinto, o a quien busca construir un mundo mejor a partir de un cambio, es un concepto que quedó sepultado junto con todas sus sangrientas consecuencias. O que está en proceso de hacerlo, porque aún aparecen cabos sueltos; porciones de diferentes sociedades que no incorporan como propio el dolor ajeno y las barbaries que desencadenó la persecución de ideas a lo largo de la historia. Por ejemplo, en España; un país invadido por el caos derivado del choque entre las ideas de los independentistas catalanes y los españoles radicales.

Dentro del análisis de cualquier hecho que afecte a las sociedades, sobre todo en países futboleros, vale la pena destinar una parte de la atención sobre los movimientos que realice el fútbol en relación al propio hecho por un simple motivo: su carácter de fenómeno cultural y su naturaleza de identidad afectiva fuerte lo convierten en un buen espacio para captar público y construir valores.

En Cataluña, el fútbol no tardó en aparecer como una vía eficiente para que un mensaje de conciencia recorriese el mundo, desde carteles en el Camp Nou hasta distintivos en las camisetas del Barcelona. Y parece mentira que sobre el manto de sangre que dejó la represión de la Policía Nacional y la Guardia Civil sobre los simpatizantes del referéndum llevado a cabo la semana pasada en Cataluña, Gerard Piqué haya tenido que sentarse a dar una homilía de treinta y siete minutos ante los medios, luego de ser abucheado e insultado durante las primeras horas de entrenamientos de la Selección Española simplemente por ser catalán y por haber participado de la votación.

Luego de que el Barça le ganará a Las Palmas con un doblete de Messi, Piqué brindó la primera (y más corta) parte de su lección. Mientras muchos catalanes eran golpeados en las escuelas donde se suponía que debían votar, a Piqué se le hizo un nudo en las cuerdas vocales y se le escaparon algunas lágrimas, porque sintió la injusticia; recordó los tiempos del autoritarismo franquista donde no existía el derecho a votar y lo inundó la impotencia. “Uno puede votar que sí, que no o en blanco; pero se vota”, sintetizó con la voz temblorosa, sin entender el accionar de las fuerzas policiales que fueron al choque contra una población que buscaba expresarse con el mayor de los respetos.